viernes, 3 de junio de 2011

POEMA ECOLOGICO DE CORAL PEREZ

ahora
hace tiempo
nada es inocuo

ni huevo de gallina
ni mata de perejil
y menos agua embotellada
ni siquiera esa tierra cogida con las manos
(los agrotóxicos)

tierra casi milenaria
todo un mundo latente en sí misma

más la semilla
¿natural o transgénica?

ahora
todo es invisiblemente perverso

lo cual
es doblemente perverso

todo parece ser o es “sabor a”
casi todo son espejismos
excepto la realidad cruda y objetiva

pero desde siempre
también los efectos ilusionistas
bailan en todos nuestros sentidos

desde que la luz misma
filtra y aparece los colores

todo viene
más acá y más allá
del capital primitivo

quizá ya lo decían los primeros cristianos

pero más justamente
lo dijeron siempre los indoamericanos originarios
teniéndolo casi todo y no poseyendo casi nada

ahora
cuando es difícil lanzar una aseveración absoluta

quizá
ningún poema pueda ser ecológico
no “desde” sino “para” lo ecológico
eso que es un futuro urgente
ya

quizá sean gritos de silencio a silencio

a todos
irremediablemente
simplemente nos come “el sistema” de desarrollo
un sistema que no es autosostenible

todos de alguna manera
estamos “alienados”

nos tragan las bolsas plásticas y la farmacéutica
invisiblemente
desde su bondadoso lado
nos hacen culpables y responsables

pero es sólo la punta del iceberg

ahora
globalmente
un clima extemporáneo y extremo
el cambio climático
el recalentamiento global no es ciencia ficción
ya lo estamos viendo

la extinción acelerada de especies animales
ya es un hecho

terremotos

es mentira cuando nos dicen:
haciendo sólo un poco
puedes salvar al mundo

invisiblemente están diciendo:
confórmate
con lo poco que hagas es suficiente
todavía no te afecta

todavía habrá mundo

todavía eres parte del mundo

te están diciendo
también invisiblemente:
confía
la tecnología va al infinito
tendremos eternos recursos

cuando en realidad
hace tiempo que vamos a contramundo

jueves, 28 de abril de 2011

CARTA AL PRESIDENTE DE GONZALO FRAGUI

Compañero Presidente:

Decía Guillermo Toriello, el Canciller de la Dignidad, en Caracas en 1954, que la diplomacia no es servilismo. Diplomacia sin moral es entreguismo, vejación. Nunca antes nuestra política exterior había sido tan digna como ahora, con usted. Pero hay baches.

Todos sabemos que Joaquín Pérez Becerra no es ningún terrorista. Al contrario, es víctima del terrorismo de estado de los gobiernos colombianos. Pérez Becerra abandonó Colombia hace 25 años, porque estaba condenado a muerte, como miles de sus compañeros de la Unión Patriótica. Después del secuestro y asesinato de su esposa, pidió asilo político en Suecia, donde se dedicó al periodismo libre y a propiciar una salida pacífica para Colombia.

Fue un error entregar al compañero. Si lo “desaparecen” en una de las múltiples fosas comunes, si lo entregan a los gringos, si lo mantienen secuestrado, nosotros seremos culpables. Yo estoy en contra de todo tipo de secuestro, los de las FARC y los del gobierno colombiano, que tiene en cárceles a miles de campesinos acusados de guerrilleros. Gobierno que secuestró en Ecuador a Sonia y a Simón Trinidad, y ahora están en USA, cada uno en una celda de 2x2, sin poder ver el sol, y no han enloquecido porque leen diariamente a Bolívar.

Nosotros nunca le vamos a caer bien al imperio, y eso nos honra. Tampoco tenemos por qué deberle obediencia a Interpol, ni a Santos. Interpol borró de su lista a los criminales del golpe de estado y a los banqueros prófugos. ¿Por qué entregar un compañero que venía, (y había venido otras veces), a defender la revolución bolivariana?. ¡El mundo al revés!. Los hermanos no se entregan. Los hermanos se protegen. De todas maneras, cuando quieran agredirnos o invadirnos inventarán otras computadoras y otras supuestas pruebas y de nada habrá servido sacrificar valiosos compañeros.

Si no hay dignidad en las relaciones diplomáticas, Presidente, no hay nada. ¿Para qué todas las casitas, todas las misiones, todos los bicentenarios?. ¿Para qué reunirnos entonces el próximo 5 de Julio?, ¿para qué CELAC?.

Esto no es pesimismo, ni una convocatoria a abandonar el barco. Al contrario, seguimos con usted, pero ojo avizor con los ¨favorcitos¨. Una revolución no se construye entregando revolucionarios al enemigo. En revolución no se puede avanzar con caries en el alma.

Mucutuy/Edo. Mérida
fragui2000@yahoo.com

jueves, 31 de marzo de 2011

HIPOCAMPO






Esta fue una de nuestra revistas artesanales mas importantes en Villa de Cura, en 1991... HIPOCAMPO

viernes, 25 de marzo de 2011

BICICLETA. Ingrid Chicote

A Wilfredo Carrizales


Esta mañana, tomada de una hoja seca,
la bicicleta se desliza suavemente
por las ranuras de la vida

Lleva el equipaje de los sueños
en el que las nubes son viajeras del tiempo

Se desnuda como las miles de sombras
que asisten la a la fiesta que organizan las esquinas
Se resiste ante el paso
de la tormenta huracanada

¿Sabrán los viajantes en bicicleta
que el mundo es un azar redondo?
bordean las cláusulas de la memoria
y siguen por las ciudades
en la que se sueltan los cabellos
las ninfas esbeltas
que suelen concurrir a los circuitos
de los desdenes

Abierta la mañana
la bicicleta se apodera del mundo
y el recorrido se pliega
por todas las mareas
que suelen agarrar de imprevisto
las ruedas de los carros
que dejan rastros de aceite en las aceras

Las calles del mundo
son investigadas
y la bicicleta e Wilfredo
lleva de copiloto
el viento sereno
del primer día de primavera

AZALEHA. Ingrid Chicote

A la otra Ingrid y a Aixa

La mujer estaba sorprendida de cuánto había caminado para llegar al otro lado del universo. Se dio cuenta de ello porque las estrellas fugaces se habían detenido en la planta de sus pies. De un brinco se incorporó y se dio cuenta de que por primera vez estaba de pie.

Toda su vida la había pasado caminando de cabeza. Por eso conocía tan bien los asuntos que provenían de la tierra. Conocía todas las clases de suelo, las posibilidades que había para llenarlo de flores o de cualquier clase de vegetales. Había muchas cosas que debían ser ordenadas para tal fin.

Sin embargo, al incorporarse y ponerse en pie, los mareos suscitados fueron muy fuertes. Tanteaba las paredes y al fin pudo ver el mundo en orden. Se reía de sí misma al comprender que los demás siempre la habían visto raro. Se moría de la risa al comprender que nació con las manos en el suelo, la cabeza para el suelo y los pies hacia el cielo.

También comprendió porqué le dolían tanto los brazos. Todo esto sucedió cuando una fuerte lluvia de aguafuego le apasionó en una tarde cuando vio que Mario bajaba todo vestido de azul de su nave de luz.

Intentó pararse corriendo del lugar donde estaba sentada, pero se dio cuenta de que todos caminaban con los pies. Entonces, para que Mario la viera normalita, hizo, por primera vez lo que hacían los demás: caminó incorporada.

Se tambaleaba, mientras iba llevando su maleta. Mario no se dio cuenta de que ella era extraña al tener que mirar hacia adelante. Un banco de la avenida se le atravesó y ella, sonriente, agarró hacia la izquierda, hacia donde estaba la pared, porque había perdido el equilibrio. La otra maña que tenía Azaleha era que al ir caminando de frente siempre iba viendo para atrás, como si alguien la persiguiera.

Mario la tomaba de la mano. Ella pensaba que todo eso era muy extraño, puesto que la última vez que la habían tomado de la mano fue una vez que a su mamá le intentaron arrebatar a su hermanita de meses y la mamá aterrada, las agarró fuerte a ambas y de un tirón la montó en la carcazú.

Azaleha comenzó a sentir unos efluvios extraños en su organismo cuando Mario, ante una bebida de crepitaciones y todo alborotado le puso las manos encima. El estremecimiento fue total. Las células quedaron atrapadas y empezaron a serenarse. Y ella, toda rígida, comenzó a sentir que debía estar así: sentada como toda la gente normal. Y fue cuando se estrenó al sentir de verdad.

Entonces comenzó a hacer un trabajo regresivo. Había nacido vieja. Como persona anciana, siempre había tenido respuesta para todo. Las respuestas venían de que todo le quedaba muy cerca de las manos y de la cabeza. Entonces podía percibir la cantidad de cosas que emitían los cuerpos que estaban cerca de ella.

En sus primeros años sintió que había tenido grandes cantidades de amor, que le servirían de combustible para continuar el viaje. Las experiencias con sus familiares habían sido todo un aprendizaje para lo que luego vendría. En ese entonces sí caminaba normalmente como todos los niños. Claro: sus piernas no eran perfectas. Usaba aparatos ortopédicos para enderezarlas y evitar que se cayera al correr.

Muy pronto la vida dio un enorme vuelco. Todo su mundo se convirtió en un tormento. Y fue entonces que comenzó a andar de cabeza. Y se acostumbró a eso. Al ver a Mario supo, entendió, se dio cuenta de que estaba de cabeza aún y fue entonces que se incorporó.


Azaleha era toda piel. Lo que pasa es que había olvidado para qué le servía y comenzó a hacer un pequeño inventario de todas las marcas habidas en ella, de las cuales se sorprendió y se avergonzó un poco con ella misma. Por supuesto que se justificaba porque andando de cabeza no se daba cuenta de que sus piernas tropezaban con cualquier cosa. Que los ojos los tenía más cerca de la tierra que del cielo y por esa razón a veces el horizonte que veía era tan corto.

Una vez de pie, pudo ver que los árboles tenían raíces, troncos y ramas, que los pájaros volaban sobre su cabeza y no sobre sus pies. Que el viento podía acariciarla y que no había razón para vivir de otra manera que no fuera estando incorporada con todo su cuerpo en orden. Entendió porque tragaba tanto polvo.

Mario la miraba y ella se sentía rozagante y hermosa. Sentía que por primera vez en la vida le salían rosas de sus poros. Entonces peleaba discretamente con ella misma. Es decir, se sentía completamente ligera de confianza. Sentía que podía confiar. Mientras la otra que le habitaba le hacía advertencias. Fue entonces cuando dejó sólo a Mario solo un momento. Agarró con furia a la otra que también la habita y la redujo con las manos y se la metió en un bolsillo. Luego regresó a seguir la charla como si nada hubiera pasado.
Las manos de Mario eran suaves. Todas extensas de caricias. Fue entonces cuando pasó algo insólito: aquel ser, venido de otra galaxia, tomó la iniciativa de amarla. Ella se dejó llevar suavemente y aceptó, como cosa normal, todo el encuentro. Descubrió que había lugares de su cuerpo que jamás había sentido. Descubrió un torrente de luces, fosforilaciones, encantamientos, ríos y mares que subían o bajaban de ella. Pudo constatar que estaba viva, que era capaz de despertarse al mundo.

Azaleha poco salía de su casa. Su casa se había convertido en un gran útero que la protegía de cualquier cosa que pudiera sucederle. Había tomado los miedos, los había embotellado, clasificado y colocado en diversos lugares para resguardarlos de los niños. A todas las botellas les había puesto una etiqueta que decía “ALTAMENTE TOXICO”.

También había embotellado las dudas, los sueños, las angustias. Todas clasificadas estrictamente. Había sellado dos cajas de botellas con traiciones y malos tratos. Todo estaba bien escondido fuera del alcance de niños, jóvenes y visitantes. Sólo ella sabía que todo eso estaba allí. Y todo estaba dentro de la casa.

La llegada de Mario a su vida fue sin previo aviso. Entonces Azaleha se dio cuenta de que podía salir de la casa y caminar por las calles y vivir. Una vez que Mario partió, ella se quedó impregnada de hermosura. Los pájaros entraban a despertarla en la mañana y cada vez que tocaba las cosas de la casa, éstas, agradecidas, se disponían a acariciarla.

Fue entonces cuando Azaleha se armó de valor para ir al mundo de Mario. Ya estaba advertida de que en ese mundo los peces estaban encima de las aguas, que los reptiles eran castaños y que las salamandras se vestían con enormes ojos de turpiales. También sabía, y estaba consciente de ello, que las aguas corrían serenamente por las calles y que al llegar a la casa de éste, hacían grandes cascadas de las cuales, se desprendían flores silvestres con los olores que jamás soñó que existían.

Azaleha tenía mucho miedo. Era la primera vez que se atrevía a cruzar el universo sola. Temía a los agujeros negros, temía que al llegar no pudiera salir del agujero de gusano, que las divergencias temporales pudieran hacerla ponerla de cabeza nuevamente o que le cayera una lluvia ácida. Pero nada de esto sucedió.

Todo era perfecto en el mundo de Mario. Inclusive: era un mundo sin gritos. Eso le parecía extraordinario puesto que en su casa, Azaleha, también tenía frascos de gritos clasificados: los insultos, las palabras que duelen, las que apenas lastiman y las que lastiman mucho, las mentiras y los inventos. Todo grito la asustaba de más. También tenía una caja de botellas llenas de gritos silenciosos: los de ella.

La clasificación de los gritos era bastante amplia, puesto que, siendo que ellos eran la forma de hacerse escuchar y de imponer cosas, ella era muy sorda ante esa forma de hacerse oír. Una vez ante un susurro mas allá de un grito se le reventó el oído derecho y comenzó a sangrarle. Sin embargo, a medida que se iban presentando, los iba atrapando y los iba almacenando en diversas botellas y por supuesto, los clasificaba.

Azaleha no hablaba de sus cosas secretas con nadie. Se expresaba a través de las palabras que dejaba extendidas en el papel. Las letras iban formando por sí mismas mensajes que lanzaba al cosmos. Tenía la esperanza que alguien, algún día, pudiera armar el rompecabezas de palabras que salían al aire, y entonces, viniera al fin un momento de paz a su vida.

Azaleha no pudo quedarse mucho tiempo en el mundo de Mario. Las diversas botellas que tenía en su casa hacían mucho ruido. Tuvo que regresar para poder enfrentarlas y hacer lo que nunca se había atrevido a hacer: sacarlas de sus escondites secretos y verterlas en un lugar donde nunca pudieran salir a molestar a nadie.

La tarea comenzó por ubicar el lugar de encierro perpetuo para todas esas botellas. Una vez conseguido, comenzó paso por paso: primero botó todas las botellas de gritos y mentiras, luego botó las botellas que contenían insultos, dudas y angustias.

El gran problema fue cuando fue a botar los miedos. Las botellas le comenzaron a temblar en las manos. Unas con otras chocaban y se mecían solas. Entonces Azaleha se puso sumamente nerviosa. Buscó rápidamente un enorme pliego de papel de envolver cosas delicadas y comenzó a envolverlas una a una. Hacía este trabajo minuciosamente controlada. Se repetía a sí misma que el miedo jamás debería controlarla a ella.

Fue cuando sucedió que una de las botellas se destapó sola. Era el miedo de ser abandonada. Se puso pálida. Sus piernas se paralizaron y volteó hacia occidente a ver si encontraba la cara de Mario. Su mirada estaba sumamente paralizada y entonces se generó en ella un terrible temblor que intentó controlar.

Escribió un largo mensaje. Un mensaje torpe y confuso como estaba ella en ese mismo instante. Lo envió por la ruta de los argonautas que siempre están dispuestos a llevar esa serie de comunicaciones a otros espacios, puesto que su naturaleza es el viaje perpetuo. Y llegó la respuesta justo en el momento en el que Azaleha había logrado tomar por los cabellos a su miedo escapado y meterlo en la botella.

Ya era tarde en la noche cuando logró leer el mensaje de Mario. Se rió de sí misma al verse atrapada entre ella y ella y la distorsión que se le soltó de las manos. En la mañana se paró tranquila. Como siempre hizo el café. Se sintió con los dos pies en la tierra. Alzó las manos y se dio cuenta de que no se pueden tocar las nubes pero sí la lluvia cuando ésta cae (llovía suavecito como Mario sobre ella) y tomó la caja y la llevó al mismo lugar que las otras.

Sólo ella sabe donde las dejó. Ya no están en casa. Excluidas para siempre de su vida, esperó que la lluvia se aplacara para que el río la dejara pasar tranquila. Al llegar a la casa, cocinó como nunca y pensó:
- Tan fácil que es botar todas las cosas que estorban y tan pendeja que he sido en no haberlo hecho antes.

Una voz le respondió, quizás ella misma, la otra que la habita:
- Te acostumbraste a mirar siempre hacia atrás. Con razón siempre te duele el cuello y la espalda. Lo importante es que te des cuenta de que ya nada de lo pasado te sirve. Ahora mírate en un espejo y comprende que la vida es lo que viene. Lo que está, lo que construyes se encuentra en la única botella que no tocaste: destapa la botella de los sueños y sé feliz.

viernes, 21 de enero de 2011

Se nos fue Elías Álvarez

ENERO: ENTRE GANANCIAS Y PÉRDIDAS
Ingrid Chicote

A la memoria de Elías Álvarez

“A Elías no le gustaba que le agradecieran. Era un hombre irreverente”
Alfredo Barrios

Como dice Eduardo Gasca: “Estoy seguro de que Gustavo (Pereira) es uno de los poetas que conocemos que ha escrito mas poemas que han dejado de ser suyos y ahora son, por ejemplo míos.” Por eso me tomo estas palabras de Gasca y de Pereira como si fueran mías para dedicarlas a la memoria de Elías Álvarez, mi amigo:

Yo tenía un amigo llamado aventura
pero su nombre fue fulgor

Yo tenía un amigo llamado torrente de arena disparo y osadía
pero su nombre era reflexión

Cuando se dice amigo se dice Certidumbre
Se dice ternura
Se dice Costa Blanca y Común Como un Pan
Y se tiene una lámpara encendida en los ojos
y un resplandor adentro


Y es que se nos fue Elías Álvarez, en este mes de enero, tan cruel con los artistas y sus amigos. Mes que nos anuncia las cabañuelas de la muerte. Hace seis años se nos fue Aly Pérez y el miércoles 19, así: de pura alegría se fue Elías Álvarez. Hombre alto, blanco, elegante, de unos 53 años, con las excentricidades propias de quien cree que a través del Arte, de las Artes Plásticas, la mirada al mundo podría tener más colores, más belleza y un mayor sentido humano.

Dicen quienes estaban allí, que su muerte fue de alegría. ¿Y quien no va a morir de alegría después de tanto luchar por culminar Misión Cultura aquí en Zamora, conscientes de que quienes estuvieron al frente de la Misión en sus inicios sólo le dieron golpes bajos a quienes trabajaron por años en cualquiera de los géneros artísticos? Elías estaba feliz porque había logrado culminar la carrera, lo cual debió suceder dos años atrás. Se propuso una meta y la cumplió.

Pero este enero que nos regala la luna más esbelta y las estrellas más cercanas ha sido cruel con Zamora y con Venezuela porque cada vez que se va un artista, muere también un soldado, aunque la obra de quienes están elegidos por el destino a vivir en la posteridad, jamás muere. Elías Álvarez pasó a la historia de Villa de Cura por haber sido el impulsor de la idea de la indagación sobre el Himno del Municipio y por ganar, Junto a Aquiles Gómez e Isidro Tirado en el concurso realizado por la Comisión de Cultura de la Cámara Municipal sobre la letra y música del mismo.

Eso fue en el mes de agosto. Ya el Himno corre por las escuelas del Municipio y se escucha en las radios locales. Pero Elías era más que eso: era un hombre estudioso y acucioso de la historia. Como lo recordó el miércoles Alfredo Barrios: sólo hablaba de política si era necesario. Sin embargo siempre estaba leyendo, indagando, proponiendo, investigando sobre cualquier teoría. Entre sus maestros, de esos maestros espirituales que uno se toma estaba Reverón. Recuerdo que una vez nos dio por discutir a Kandinsky y su Teoría del Color. Las conversas comenzaban con las letras y terminaban siempre o en una discusión y una patada, o en un color azul cobalto. Muchas aborígenes pasaron por nuestros encuentros en cualquiera de las casas que asumíamos como nuestras.

Conocí a Elías Álvarez en 1982 en la Biblioteca Municipal “Ezequiel Zamora” cuando la dirigía Gladys Ceballos, donde siempre se reunían algunos jóvenes a conversar de la Revolución: de esa Revolución con la que soñamos. Entre aquellos jóvenes estaban Alfredo Barrios, Fernando Olivo, Marco Antonio Torrealba, Carlos Martínez (Cejota), Isidro Tirado, Leopoldo Guevara, Orlando Pulido, Freddy Miró, entre muchos otros que espero que me disculpen pero son muchos. En su mayoría estudiantes de la Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios se reunían allí para planificar cosas. Unos tenían morrales verdeoliva y cabellos largos, otros siempre atentos a la mirada que sobre ellos tenían los perseguidores de sueños y así. Yo sólo miraba desde la Sala Infantil.

En ese momento en la Biblioteca también se reunía el Grupo de teatro Gexam conformado por Radamés Guzmán y su compañera, Angélica Llovera, Adolfo Tosta, Enrique Montes, William Raffezca, entre otros. Esa Biblioteca si era una bilbioteca!

Recuerdo que se hicieron varias exposiciones colectivas en las que participó Elías y también la soñadora más audaz del municipio: Trina Lineros de Albert. (Yo creo que todos nosotros, de alguna manera siempre recordamos de una u otra forma a la señora Trina, sus convicciones comunistas y sus planteamientos revolucionarios. Ese material humano ya no vuelve a salir: irrepetibles años de la historia municipal).

Volviendo a las exposiciones: se hicieron en la Biblioteca Ezequiel Zamora, cuando funcionaba en la Calle Bolívar, en la Plaza Bolívar y Villegas, en la Plaza Bolívar. Eran exposiciones donde cada uno de los artistas llevaba lo suyo para mostrarlo al público porque el arte siempre cambia la mirada. En esas exposiciones participaban todos los artistas plásticos que se sentían convocados.

Elías era un hombre parco, de gran vitalidad, de una aparente rigidez que hoy nos conmueve porque durante los últimos tiempos se fue mostrando con sus amigos, los buscaba, compartía. Los testimonios son realmente sorprendentes. Desde el viernes 14 de enero estuvo en contacto con Flora Araujo quien cuenta que la llamó contento por la recuperación de su casa, hizo planes sobre música y arte con Ángel Tirado, con Angélica Llovera quedó pendiente una conversa sobre un agradecimiento mutuo que se tenían, se fue a ayudar a colocar las luces al Teatro Estable de Villa de Cura y pasó la tarde de ayer en eso: arreglando el escenario con Orlando Ascanio… Qué ironía ¡Arregló el escenario!

Almorzó con Gustavo Gómez, conversó con Isidro Tirado largamente el sábado y así. Al parecer estaba demasiado feliz buscándose y reconociéndose en los ojos de los amigos y administrando la alegría del éxito venidero. Pero se fue. Así: un sólo cerrar de ojos! Con su hermana como siempre. Le dejó a Rosa la casa vestida de colores y el alma de luto a sus sobrinos que aún no pueden creerlo como tampoco ninguno de nosotros.

Elías nos hizo reunir nuevamente la noche del miércoles. Nos reencontramos como hace años que nos hacíamos: Antonio Pérez recordando a Aly, Orlando Pulido recordando a Nicorsin, María Martínez recordando a Chito (Omar Gutiérrez), Isidro con una sonrisa recién estrenada y más lúcido que nunca, Alfredo Barrios sorprendido ante tanta impavidez, Leopoldo Guevara que sintió el impulso de venirse unos días a la Villa y era para encontrarnos nuevamente, Fermín Sarmiento, Angélica LLovera con Adolfo Tosta atrás, Aldonza Llovera con la imagen de Blandin, Angel Tirado recordando a Edison, Paula Montes, José Meléndez, Orlando Ascanio, Fernando Olivo: GENTE DEL COMÚN… una reunión de artistas en torno a un espíritu que decidió irse a pintar las nubes a otra parte.

No podemos despedirnos de Elías: dejó su voz en las tablas del Teatro Estable de Villa de Cura, sus motivaciones hacia un visión del hombre mas cercana a la belleza en una Galería de Arte Itinerante llamada “Armando Reverón”, una cantidad de gente con conocimientos sobre telas, pinceles y colores durante los años trabajados en la Escuela de Artes y Oficios “Leoncio Martínez”, hoy Centro de Especialidades (que ya no serán de artes más nunca: las Artes se exiliaron en el cielo), un Himno que pasó a la posteridad en la historia del municipio, amores, hijos con nombres de artistas, dioses y hermosas damas: Gioconda, Rembrantd, Atahualpa, Eros. Daynube quien desde Perú envía sus ríos de tristeza, sus amigos, sus discusiones.

Por lo menos, estamos seguros los que nos quedamos por estos lados, que seguramente fue a hacerle compañía a Aly. Quizás Aly se sentía un poco solo y debe estar cansado de hacer exposiciones individuales en el cielo. El cielo es muy grande. Debe haber un cielo chino para Aly y un cielo griego para Elías, pero ambos, seguramente, tendrán que ponerse de acuerdo para hacer un muestra celestial. Sin duda algunas ambos, y muchos otros, han sido los portadores de la memoria artística del Municipio Zamora.

En los ochenta, como una vez dijo Alejandro Liendo, “las vinculaciones a las artes y a la literatura no era cuestión de poses y de hacer cuatro pendejaditas”. Era un asunto que tenía que ver con la conciencia individual, con la conciencia colectiva, con las discusiones filosóficas, con una visión de país, con una realidad que soñamos cambiar que en un momento fue con balas y bombas molotov pero también fue con pinceles, poemas, barro y ese moldeado del alma para imprimir el toque sensible por, para y con el encuentro de los valores que nos resaltan como seres humanos.

53 años vividos se han ido a otros predios. El miércoles 19 nos reunimos en la sala de su casa para conversarle por que nos dejó sorprendidos y con los crespos hechos. Pero como dice el sifú Henry: “ya nos veremos”. Hasta siempre amigo, compañero, camarada.

jueves, 6 de enero de 2011

CUENTOS DE JUAN MENDOZA (Maracaibo)

INFORME DE VINCENT
Solamente han pasado dos minutos y ya se me llama para presentar éste informe. Como consecuente que siempre he sido para con mis inmediatos, doy lugar a los hechos. Sentado frente a mi casa esperando mi transporte, apenas tuve un celaje de mi antigua oreja, la línea del horizonte comenzó a oscilar cual cuerda llena de ropa sucia esperando un milagro del sol. Los perros vecinos dieron sus observaciones mientras el triciclo del Tío rico, extraviado, palpaba ropas con olor a orines mañaneros. Muy atento estuve con la mirada sobre la grúa amarilla, que excavaba en el terreno del frente, hasta que la mañana me hizo comprender que era la grúa, por su contraste, lo que alteraba la línea del horizonte. En ese mismo momento tuve conciencia de que había otra razón para la oscilación. Provenía de mi asiento, antigua silla de madera acolchada en el asiento y espaldar con dos viejas almohadas; de cada una de sus patas comenzaron a salir raíces que trataban de penetrar al duro suelo, esto creaba una vibración que me alteraba el horizonte, a la vez que me llenaba de cierta quietud dinámica. El triciclo del Tío Rico con su acompañamiento de piano de juguete se dirigía en dirección al horizonte sin enterarse del constante bamboleo. Al llegar a la línea, el vaivén lo hizo elevar dando volteretas en dirección contraria, creando una lluvia de helados y barquillas de todos los sabores. Una barquilla de chocolate me cayó en un ojo, y es por esa razón que no fui a trabajar.

LA NAVIDAD DE LOS ARPOSTANIOS
Al llegar la navidad Arpostanio montó una cabria roja y blanca de unos tres metros de altura sobre el techo de su casa. En el tope colocó una caja metálica, en el lado que daba a la calle, un reloj de largas y gruesas agujas daba la impresión de dar horas pesadas en alguna antigua película muda. Desde muy lejos se podía ver claramente la hora, por lo que la caja del reloj fue objeto de plena curiosidad, causando cierta conmoción en el barrio. Clardelingia, su mujer, comenzó a pelearlo desde el día en que se subió al techo con sus herramientas, ya que montó su caja con el reloj y no hizo otra cosa o adorno para la navidad. Los vecinos pasaban frente a la casa esperando también algunos extraños arreglos. Pero Arpostanio no hizo nada y se quedó de lo más tranquilo disfrutando sus vacaciones viendo películas repetidas en la televisión. Durante esos días, los vecinos admiraban los arreglos navideños de las otras casas y veían la hora en casa de Arpostanio. Su hijo Arpostanito, de siete años, pidió para navidad un taladro de baterías. El día 25 muy temprano en la mañana fue de casa en casa con su juguete y en toda la cuadra no quedó una Barbie a la que no le hiciera un hueco entre las piernas, ante el espanto de todas las niñas. El 31 de diciembre la mayoría de los vecinos se habían olvidado de la caja del reloj y cada quien disfrutaba su rumba familiar esperando el nuevo siglo. A las doce de la noche la caja del reloj estalló con una gigantesca fulguración azul-naranja que desintegró la cabria, quebrando vidrios de las ventanas del vecindario, colocando en tal posición a los estruendosos fuegos artificiales, que parecían cantos de grillos. Los vecinos gritaban aterrados y decenas de niños con sus llantos agitaban en sus rostros el pánico. Todas las matas en un radio de cincuenta metros perdieron sus hojas. Habían mangos y mamones reventados por todas partes, junto con restos de iguanas, ratas y de lo que parecía un mono. Las alarmas de los autos se activaron en diez cuadras a la redonda, creando gran desconcierto en los choros que se disponían a cenar. Clardelingia, lanzando los platos con hallacas por el aire se gritó; ¿Quién carajo me mandó a casarme con un ex terrorista nojoda?

LAS VERIJAS DE CRISTO
La tarde se entretenía distante, al momento en que por casualidad Bordilia fue encontrada en una cueva por los confines del caserío luego de treintaisiete años desaparecida. Una mañana de carnaval, Bordilia recién cumplía los cinco años, salió con sus amiguitos de la casa del lado a jugar intensamente con agua. Los pobladores desde muchos años atrás se acostumbraron de una manera gustosa a divertirse en carnaval con esta húmeda condición. Tal vez esa costumbre se asentó por la abundante agua que sale de una cascada en la entrada de la cueva, con la que se abastece el lugar. Toda la mañana estuvieron mojando a quien pasaba frente a la vivienda sin descanso. Llegada la hora del almuerzo, Bordilia no se presentó a comer. La buscaron por todo el poblado hasta el crepúsculo, pero nadie dio con ella. Luego de treintaisiete años, unos jóvenes exploradores la hallaron en las profundidades de la cueva que investigaban. Todo el pueblo se sorprendió por el descubrimiento, pero, nadie sabía quien podría ser aquella mujer que no pronunciaba palabra alguna, que mantenía una mirada horrorizada ante todo lo que veía. Miles de conjeturas se desarrollaban por el hecho. Conjeturas que corrían de un extremo a otro de la población. A Bordilia la llevaban del hospital al colegio, del colegio al abasto, del abasto a la plaza. En el colegio, una de las maestras más antiguas se le acercó, trató de olerla, le dio varias vueltas, pero no pudo reconocer ciertamente que cuando niña había jugado agua en el carnaval con ella. En el hospital, un viejo medico reacomodando sus lentes percibió quizás, la misma aterrada mirada de una niña que fue mordida por una culebra. En el abasto, la señora dependiente, dudaba que aquella mujer fuera la misma niña que se robaba de un cajón las chirimoyas. En la plaza, nadie identificó a la niña que siempre bailaba polkas en las retretas del domingo. Al tercer día, sus ancianos padres la reconocieron cuando sobre una carreta, era llevada al burdel en la periferia de la comarca para su persistente examinación. Las chicas del burdel, frustradas se quedaron sin saber, si acaso no sería una de las que salían preñadas y se retiraban del negocio. Aclarado el asunto, los padres de Bordilia decidieron llevarla a la iglesia para agradecer aquel milagro. Sentada, cohibida y sorprendida, con voz de niña, le susurró a su madre: A ese señor que tienen clavado en los palos le veo las verijas.



EL POETA DE LAS CABRAS
Homenaje a Pablo Neruda

Luego que los pájaros la anunciaron, se sintió fresca y clara la mañana de primavera cuando fue recibido el correo. Un paquete pequeño exquisitamente envuelto en papel color tierra mojada, se distinguía entre la correspondencia. Al ser desembalado con la premura que lo permite el nerviosismo y la prudencia, se encontró con una hermosa caja de madera de sándalo, labrada con mucho esmero, en complicados arabescos, que al emanar su deliciosa fragancia, aumentó la confusión y la incapacidad de comprender aquel envío sin remitente, sin nomenclatura, sin indicaciones. Finalmente al abrir con mucho cuidado a la diminuta, atildada y aromática arca, se encontró en su interior un cassette esmeradamente envuelto en pequeñas y delicadas hojas de papel de arroz cárdeno. Con prontitud se colocó el cassette en el reproductor. Luego de sentirse la comodidad del sofá y el placer de un trago en la mano, todo estuvo dispuesto para escuchar la cinta y poder descifrar tan misteriosa relación. Una diminuta luz roja en el tablero del Sony indicaba que estaba reproduciendo. Sin embargo por más atención que se le prodigara nada podía ser escuchado. Al cabo de unos largos segundos, poco a poco se comenzó a percibir algo. Primero fue como un leve susurro que se aprecia en la lontananza, semejando un remoto y cálido riachuelo flanqueado por yerbabuena y berros, donde iridiscentes libélulas y fugaces colibríes se disputan las diminutas gotas de agua que chispean de los pedruscos en la tibia corriente. Seguidamente el murmullo aumentó y pareció el reventar de inmensas y espumosas olas en una solitaria, soleada y extensa playa de arenas doradas. Al momento el susurro se hizo más intenso y fue cuando sin ninguna duda se logró identificar aquello; En una fresca noche luminosa de luna plateada, si se coloca el oído en el vientre de una cabra dormida, se puede escuchar el rumor que produce los borbotones de leche al llegar a las ubres. Justo en ese momento se tomó conciencia de lo acontecido y se pudo advertir con propiedad quien había hecho llegar tan insólito cassette, pues ese secreto rumor, solamente pudo haber sido escuchado por un poeta de cabras como Miguel Hernández.