Culebras,
ranas, lagartijas y sapos son protectores del ecosistema, forman parte de un
equilibrio perfecto, somos nosotros, los hombres, quienes hemos perdido el
contacto con la naturaleza.
Encuentro
con el botánico italiano Libereso Guglielmi:El jardinero de Calvino
Por Mayela Barragán Z.
“Sé
que frecuentemente hablaré al viento. Pero también las plantas confían al
viento sus
semillas,
suprema misión de sus vidas. No todas las semillas se dispersarán, basta que
una sola encuentre el ambiente propicio para asegurar y multiplicar su
especie”.
Mario Calvino
Encontré
por primera vez al botánico Libereso Guglielmi el 25 de septiembre del 2010 en
Génova durante el evento Gaia
2, Irrupciones de naturaleza; la iniciativa me
permitió monopolizarlo por un rato, momento durante el cual él y yo dialógamos
y ocasión durante la cual Libereso me extendió una invitación para que fuera a
visitarlo en su casa de Baragallo,
localidad de San Remo.
Después
de aquel primer encuentro quise
investigar sobre el por qué Libereso Guglielmi es llamado “El jardinero de
Calvino”. Entonces me encontré con el texto de Paola Forneris y Loretta Marchi:
Il Giardino Segreto dei Calvino donde pude leer
muchas informaciones sobre cómo la vida de Libereso Guglielmi se cruza con la historia de la familia del escritor Italo Calvino; en una de las páginas del
libro, las autoras citan una entrevista en la cual Italo Calvino declara:
Soy
hijo de científicos: mi padre era agrónomo, mi madre botánica; ... entre mis
familiares sólo los estudios científicos eran un honor (…) Yo soy la oveja
negra, el único literato de la familia.
Es
a través de la lectura de este texto donde me entero que la historia del nombre
“El jardinero de Calvino” surgía del encuentro de Libereso con el profesor
Mario Calvino (padre del escritor Italo Calvino). Un agrónomo de fama
internacional que vivió 14 años entre México y Cuba, y quien en San Remo tuvo a
cargo la Central Experimental de Floricultura, institución que tenía sede en su
propia casa, Villa Meridiana, lugar al cual el joven Libereso llega a trabajar
como jardinero.
La
historia comienza cuando a los catorce años de edad Libereso, junto a su
hermano, llama la atención en el padre del escritor Italo Calvino, éste, que
acababa de regresar del Caribe, se queda maravillado ante el trabajo floral que
en temprana edad ya hacían los dos hermanos Guglielmi, y por eso le pide al
padre de los dos chicos que les permita trabajar a ambos como becados en la
Estación experimental de Villa Meridiana.
Pero
dejemos que sea el mismo Italo Calvino
quien lo describa, ya que en uno de sus primeros cuentos, en el relato: Una tarde, Adán, el famoso autor
italiano lo presenta para la
posteridad de la siguiente manera:
El
nuevo jardinero era un muchacho de cabello largo, con una cinta de tela
alrededor de la cabeza, para sujetárselo. Ahora venía por uno de los senderos
del jardín, con la regadera llena, levantando el brazo libre para balancear la
carga. Regaba los berros lentamente, como si estuviera sirviendo café con
leche. [...]
La jardinería debía ser un
oficio hermoso, porque se puede hacer todo con mucha calma.
Maríanunciación
lo estaba mirando a través de la ventana de la cocina. Era un muchacho ya muy
alto, pero llevaba aún pantalones cortos. Con ese cabello tan largo parecía una
muchacha. Ella dejó de enjuagar los platos y lo llamó, tocando en la ventana.
[...]
—¿Cómo te llamas?
—Libereso.
Maríanunciación reía
repitiendo:
—Libereso... Libereso...
Qué raro nombre, Libereso.
—Es un nombre en esperanto
—dijo él—. Quiere decir libertad, en esperanto.
—Esperanto... ¿Tú eres
esperanto?
—El esperanto es un idioma
—explicó Libereso—. Mi padre habla esperanto.
—Yo soy calabresa.
—¿Cómo te llamas?
—Maríanunciación —y reía.
—¿Por qué siempre te estás
riendo?
—Y tú, ¿por qué te llamas
Esperanto?
—Esperanto, no. Me llamo
Libereso.
—¿Por qué?
—Y tú ¿por qué te llamas
Maríanunciación?
—Porque es el nombre de la
Virgen. Yo me llamo como la Virgen y mi hermano como San José.
—¿Sanjosé?
Maríanunciación reventaba
de risa:
—¡San José! Se llama José,
no Sanjosé. ¡Libereso!
Leyendo
me he enterado de que Libereso es no sólo un personaje literario de Italo
Calvino sino sobre todo la memoria viviente del trabajo botánico de Mario
Calvino, el padre del famoso escritor italiano.
Mario
Calvio, el padre de Italo Calvino, vivió en México desde el 1909 hasta el 1917;
en el país azteca fue una figura clave
en contribuir a la modernización de la
agricultura mexicana. Luego en el 1917 se transfiere a la isla de Cuba donde
será el director de la Estación experimental de Santiago de las Vegas. En esta
localidad cubana residirá con Eva Mameli, su esposa, una de las más brillantes
investigadoras botánicas italianas de aquella época, y será esta localidad
cubana, el lugar donde vendrá al mundo
el escritor Italo Calvino y donde la familia Calvino permanecerá hasta el 1925,
fecha en la que deciden regresar a Italia estableciendose definitivamente en
San Remo.
Pasaron
tres años después de mi primer encuentro con Libereso Guglielmi, y no es sino
hasta el mes de julio del 2013 cuando finalmente voy a visitarlo a San Remo, y
así vuelvo a encontrar al jardinero de Calvino, esta vez en su casa jardín de
Baragallo.
Este
segundo encuentro me permitió conversar por más tiempo con un botánico de fama
internacional y un jardinero muy especial. El mismo Libereso me abrió la puerta
acompañado de su inseparable barba blanca y me hizo acomodar en el pequeño
porche de su casa. Al verlo de nuevo su figura me trajo a la mente el Moisés de
Miguel Ángel. Tiene ochenta y cinco años, y observo que ahora para caminar
Libereso está usando un bastón, su piel no obstante la edad luce la brillantez
que transmite la lisura del mármol. Es un hombre con un aura ancestral y a él,
antes de empezar a responder a mis preguntas, lo primero que se le ha ocurrido es contarme de cómo por esta zona
del norte de Italia él sobrevivió a la II guerra mundial comiendo hierbas
silvestres.
—Libereso,
¿Por qué las plantas tropicales en este rincón de Italia encuentran tan buen
terreno?
—Por
el clima—respondió—. Es un clima sub tropical, mira ese Ceibo —y el jardinero
de Calvino se volteó para indicarme uno de los árboles tropicales que podemos
apreciar en su jardín—: El Ceibo es una planta que en su habitat original en
Sudamérica nace en los ríos, mientras aquí en Liguria crece tanto en la tierra
como en las cercanías al mar.
Pitanga,
Casimiroa (Sapote blanco), Erythrina crista – galli (Ceibo), Croton Eleutheria,
Cardamomo, Jatropha curcas, Mango, Passiflora caerulea o Brunfelsia australis
son los nombres de algunas de las plantas tropicales que Libereso tiene en su
jardín, y sobre cada una de ellas él personaliza una historia y cuenta muchas
anécdotas pues es un jardinero que ha viajado por todo el mundo.
—Libereso, usted ¿qué recuerda del
escritor Italo Calvino?
—Recuerdo que a Italo yo siempre le
echaba mucha broma.
—En el cuento “Una tarde, Adán”,
el escritor relata lo siguiente:
Maríanunciación huyó
saltando sobre las dalias, con sus hermosos zapatos de suela de corcho.
Libereso estaba de
cuclillas junto al sapo, y se reía, mostrando sus dientes blancos en medio de
su
cara color marrón.
[...]
—¡No tengas miedo! Es un sapo. ¿Por qué le
tienes miedo?
—¡Es un sapo! —gimió Maríanunciación.
—Sí, es un sapo. Ven —dijo
Libereso.
Ella le respondió,
señalando al sapo con el dedo:
—¡Mátalo!
El muchacho agitó las
manos, como protegiéndolo.
—No quiero. Es bueno.
—¿Es un sapo bueno?
—Todos son buenos. Se comen
a los gusanos.
Así nos cuenta que usted
conquistaba a Marianunciación con sapos—le dije sonriendo.
—Cierto que la conquistabacon
sapos—respondió con una sonrisa— y ella los apreciaba porque me quería.
—Usted
fue un estrecho colaborador del botánico Mario Calvino, quien sobre todo de
México y Cuba hizo llegar a la Rivera de las flores (asi es conocida la zona
donde esta ubicada San Remo) diferentes variedades botánicas, aunque haya
pasado tanto tiempo, quisiera, a través de su recuerdo, saber de aquellas
plantas tropicales que como puerta de entrada tuvieron San Remo.
—Después del cierre de
la Estación experimental de muchas plantas tropicales se perdieron las huellas.
Pero aquí tengo este árbol de aguacate, el único—según Libereso—que queda de
las plantas mexicanas que Mario Calvino trajo de México. Es un árbol muy
interesante porque da un fruto delicioso, muy refinado. Este aguacate llega de
las plantas mexicanas que trajo Mario Calvino, es una planta hembra, muy
nutriente.
—¿Qué variedad es?
—Es una Fuerte.
Conversar con Libereso es entrar en
equilibrio con todos los elementos. Ha trabajado en diferentes partes del
mundo. Ha escrito muchos libros y producido artículos para revistas
especializadas como Gardenia. Tuvo un padre excepcional para sus
tiempos, un hombre que estudió por muchos años con los Jesuitas y que en un
determinado momento de su vida rehusa seguir la vida religiosa y escoge el
camino del Anarquismo. Era troskista, y en un gran humus cultural vivirá,
convivirá y tendrá sus tres hijos: Libereso, Germinal y Omnia.
—En su libro Libereso, el jardinero de
Calvino (2009), Editorial
Muzzio, me enteré que sabe recoger el aguamiel del Ágave, ¿cuándo fue la última
vez que recogió Águamiel?
—La última fue hace
dos años—y Libereso tomó mi cuaderno de apuntes, un lápiz y dibujó una planta
del Ágave explicándome cómo se recoge este néctar—: Cuando la planta florece,
en el tronco se hace un corte en forma de cono, y poco a poco se va excavando
en él de diez a quince centímetros, es en ese cono donde se va depositando poco
a poco el aguamiel. Cuando era muchacho, con mis amigos, cada día iba y la
recogía. Y cada vez rallaba más y más en el fondo del cono, lo cubría y
regresaba al día siguiente. Bajaba y bajaba dentro del Ágave, abriendo más la
herida, llegaba casi a la raíz de la planta y así recogía ocho, diez o quince
litros de Járabe de Ágave. Algunas veces lo hacía hervir mucho y salía una
especie de licor. Nos divertíamos mucho en aquellos tiempos.
—¿Ha visitado México?
—He
dado vueltas por todo el mundo, estuve en Inglaterra, India, y muchos lugares
de Asia, pero a México nunca he ido. Todas las informaciones que sé sobre este país las aprendí trabajando con el
profesor Mario Calvino en la Estación experimental.
—La
Cultura de México nace entorno al Ágave—le comento.
—Lo sé que para los mexicanos el Ágave
es una planta santa, de ella sacan fibras para tejidos y hasta sus hojas se
pueden comer cocinadas en el horno.
—Como
gran conocedor de plantas que es, para usted ¿cuál es el aspecto más hermoso de
la planta de Ágave?
—Que produce Aguamiel. Es una planta de
la cual se extraen litros y litros de este precioso líquido.
—En sus tiempos Mario Calvino
también quiso introducir en Liguria una variedad de cabra mexicana.
—Sí,
eran cabras comunitarias, no escapaban, estaban siempre en grupo, no son como
las que conocemos aquí que se van cada una por su parte. Mario creía que podían
ser muy útiles en este tipo de terreno porque estaban en manada, daban muchos
litros de leche, y por sus característias podían comerse las hierbas y tener
además los terrenos limpios.
—Una
cualidad suya es la de respetar y conservar un magnífico diálogo con bichos
como lagartijas, culebras, ranas y
sapos.
—Todos
ellos son protectores de la naturaleza. Cada uno forma parte de un equilibrio
perfecto, porque ocupan un lugar preciso en el ambiente; somos nosotros, los
hombres, quienes hemos perdido el
contacto con la naturaleza, usamos los herbicidas y por esta causa en nuestros
jardines hoy hacen falta culebras, lagartijas, ranas y sapos. Así extinguimos
los animalitos que pueden servir de defensa contra los insectos que destruyen
las plantas.
—Cambiando
de tema Libereso, hoy todos compramos legumbres y frutas y en casa, después de
limpiarlas para el consumo, botamos las semillas en la basura.
—Sí,
y así cometemos un pecado contra la humanidad. Las semillas no se botan a la
basura, van conservadas y dadas a alguien que pueda utilizarlas, porque se
tienen que sembrar y si no dan frutos no importa, ya que pueden servir para
hacer injertos. Hoy la humanidad ha
entrado en un círculo sin sentido debido
a la falta de conocimiento porque a nadie le conviene que se difunda la
verdadera sabiduría de nuestro hermoso planeta.
—¿Cúal
es su flor predilecta, la indispensable, aquella que le hace falta si no la ve?
—Una brizna de hierba, es la
fundamental, sin la presencia de ella muchas plantas morirían porque se
quedarían descubiertas.
—Muchos
platos de la cocina tradicional de esta región italiana se hacen a base de
hierbas silvestres.
—Sí,
uno de éstos es el famoso Prebuggion. Todas las hierbas se
recogen y es necesario poner mucha atención en calibrar todos los gustos porque
lo amargo no se debe imponer sobre otro gusto y etc. Es necesario optar por una
alimentación a base de plantas naturales —aconseja Libereso que
desciende de una familia de vegetarianos, inclusive—añade—: Las plantas
tienen su sal natural que no apreciamos porque cuando se cocina se usan muchos sabores artificiales que modifican el
auténtico sabor de las plantas.
mayebaz@gmail.com
Concluí
mis preguntas, y me despedí de la antítesis de Chance, el jardinero de Jerzy
Kosinski; dejé a Libereso Guglielmi con su lucidez científica, su claridad de
aborigen ligur en su casa de Baragallo, a pocos kilómetros de Villa Matutiana, como era llamada San Remo en
época romana.


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