viernes, 27 de marzo de 2015

Libereso Guglielmi:El jardinero de Calvino

Culebras, ranas, lagartijas y sapos son protectores del ecosistema, forman parte de un equilibrio perfecto, somos nosotros, los hombres, quienes hemos perdido el contacto con la naturaleza.


Encuentro con el botánico italiano Libereso Guglielmi:El jardinero de Calvino


Por Mayela Barragán Z.

“Sé que frecuentemente hablaré al viento. Pero también las plantas confían al viento sus
semillas, suprema misión de sus vidas. No todas las semillas se dispersarán, basta que una sola encuentre el ambiente propicio para asegurar y multiplicar su especie”.
Mario Calvino

Encontré por primera vez al botánico Libereso Guglielmi el 25 de septiembre del 2010 en Génova durante el evento Gaia 2, Irrupciones de naturaleza; la iniciativa me permitió monopolizarlo por un rato, momento durante el cual él y yo dialógamos y ocasión durante la cual Libereso me extendió una invitación para que fuera a visitarlo  en su casa de Baragallo, localidad de San Remo.
Después de aquel primer encuentro  quise investigar sobre el por qué Libereso Guglielmi es llamado “El jardinero de Calvino”. Entonces me encontré con el texto de Paola Forneris y Loretta Marchi: Il Giardino Segreto dei Calvino donde pude leer muchas informaciones sobre cómo la vida de Libereso Guglielmi se cruza con  la historia de la familia del escritor  Italo Calvino; en una de las páginas del libro, las autoras citan una entrevista en la cual Italo Calvino declara:

Soy hijo de científicos: mi padre era agrónomo, mi madre botánica; ... entre mis familiares sólo los estudios científicos eran un honor (…) Yo soy la oveja negra, el único literato de la familia.

Es a través de la lectura de este texto donde me entero que la historia del nombre “El jardinero de Calvino” surgía del encuentro de Libereso con el profesor Mario Calvino (padre del escritor Italo Calvino). Un agrónomo de fama internacional que vivió 14 años entre México y Cuba, y quien en San Remo tuvo a cargo la Central Experimental de Floricultura, institución que tenía sede en su propia casa, Villa Meridiana, lugar al cual el joven Libereso llega a trabajar como jardinero.
La historia comienza cuando a los catorce años de edad Libereso, junto a su hermano, llama la atención en el padre del escritor Italo Calvino, éste, que acababa de regresar del Caribe, se queda maravillado ante el trabajo floral que en temprana edad ya hacían los dos hermanos Guglielmi, y por eso le pide al padre de los dos chicos que les permita trabajar a ambos como becados en la Estación experimental de Villa Meridiana.
Pero dejemos  que sea el mismo Italo Calvino quien lo describa, ya que en uno de sus primeros cuentos, en el relato: Una tarde, Adán, el famoso  autor  italiano  lo presenta para la posteridad de la siguiente manera:

El nuevo jardinero era un muchacho de cabello largo, con una cinta de tela alrededor de la cabeza, para sujetárselo. Ahora venía por uno de los senderos del jardín, con la regadera llena, levantando el brazo libre para balancear la carga. Regaba los berros lentamente, como si estuviera sirviendo café con leche. [...]
La jardinería debía ser un oficio hermoso, porque se puede hacer todo con mucha calma.
Maríanunciación lo estaba mirando a través de la ventana de la cocina. Era un muchacho ya muy alto, pero llevaba aún pantalones cortos. Con ese cabello tan largo parecía una muchacha. Ella dejó de enjuagar los platos y lo llamó, tocando en la ventana. [...]
—¿Cómo te llamas?
—Libereso.
Maríanunciación reía repitiendo:
—Libereso... Libereso... Qué raro nombre, Libereso.
—Es un nombre en esperanto —dijo él—. Quiere decir libertad, en esperanto.
—Esperanto... ¿Tú eres esperanto?
—El esperanto es un idioma —explicó Libereso—. Mi padre habla esperanto.
—Yo soy calabresa.
—¿Cómo te llamas?
—Maríanunciación —y reía.
—¿Por qué siempre te estás riendo?
—Y tú, ¿por qué te llamas Esperanto?
—Esperanto, no. Me llamo Libereso.
—¿Por qué?
—Y tú ¿por qué te llamas Maríanunciación?
—Porque es el nombre de la Virgen. Yo me llamo como la Virgen y mi hermano como San José.
—¿Sanjosé?
Maríanunciación reventaba de risa:
—¡San José! Se llama José, no Sanjosé. ¡Libereso!

Leyendo me he enterado de que Libereso es no sólo un personaje literario de Italo Calvino sino sobre todo la memoria viviente del trabajo botánico de Mario Calvino, el padre del famoso escritor italiano.
Mario Calvio, el padre de Italo Calvino, vivió en México desde el 1909 hasta el 1917; en el país azteca  fue una figura clave en contribuir a la modernización de  la agricultura mexicana. Luego en el 1917 se transfiere a la isla de Cuba donde será el director de la Estación experimental de Santiago de las Vegas. En esta localidad cubana residirá con Eva Mameli, su esposa, una de las más brillantes investigadoras botánicas italianas de aquella época, y será esta localidad cubana,  el lugar donde vendrá al mundo el escritor Italo Calvino y donde la familia Calvino permanecerá hasta el 1925, fecha en la que deciden regresar a Italia estableciendose definitivamente en San Remo.
Pasaron tres años después de mi primer encuentro con Libereso Guglielmi, y no es sino hasta el mes de julio del 2013 cuando finalmente voy a visitarlo a San Remo, y así vuelvo a encontrar al jardinero de Calvino, esta vez en su casa jardín de Baragallo.
Este segundo encuentro me permitió conversar por más tiempo con un botánico de fama internacional y un jardinero muy especial. El mismo Libereso me abrió la puerta acompañado de su inseparable barba blanca y me hizo acomodar en el pequeño porche de su casa. Al verlo de nuevo su figura me trajo a la mente el Moisés de Miguel Ángel. Tiene ochenta y cinco años, y observo que ahora para caminar Libereso está usando un bastón, su piel no obstante la edad luce la brillantez que transmite la lisura del mármol. Es un hombre con un aura ancestral y a él, antes de empezar a responder a mis preguntas, lo primero que se le  ha ocurrido es contarme de cómo por esta zona del norte de Italia él sobrevivió a la II guerra mundial comiendo hierbas silvestres.

—Libereso, ¿Por qué las plantas tropicales en este rincón de Italia encuentran tan buen terreno?
—Por el clima—respondió—. Es un clima sub tropical, mira ese Ceibo —y el jardinero de Calvino se volteó para indicarme uno de los árboles tropicales que podemos apreciar en su jardín—: El Ceibo es una planta que en su habitat original en Sudamérica nace en los ríos, mientras aquí en Liguria crece tanto en la tierra como en las cercanías al mar.
Pitanga, Casimiroa (Sapote blanco), Erythrina crista – galli (Ceibo), Croton Eleutheria, Cardamomo, Jatropha curcas, Mango, Passiflora caerulea o Brunfelsia australis son los nombres de algunas de las plantas tropicales que Libereso tiene en su jardín, y sobre cada una de ellas él personaliza una historia y cuenta muchas anécdotas pues es un jardinero que ha viajado por todo el mundo.

—Libereso, usted ¿qué recuerda del escritor Italo Calvino?
—Recuerdo que a Italo yo siempre le echaba mucha broma.

—En el cuento “Una tarde, Adán”, el escritor relata lo siguiente:
Maríanunciación huyó saltando sobre las dalias, con sus hermosos zapatos de suela de corcho.
Libereso estaba de cuclillas junto al sapo, y se reía, mostrando sus dientes blancos en medio de su
cara color marrón.
[...]
—¡No tengas miedo! Es un sapo. ¿Por qué le tienes miedo?
—¡Es un sapo! —gimió Maríanunciación.
—Sí, es un sapo. Ven —dijo Libereso.
Ella le respondió, señalando al sapo con el dedo:
—¡Mátalo!
El muchacho agitó las manos, como protegiéndolo.
—No quiero. Es bueno.
—¿Es un sapo bueno?
—Todos son buenos. Se comen a los gusanos.
Así nos cuenta que usted conquistaba a Marianunciación con sapos—le dije sonriendo.
—Cierto que la conquistabacon sapos—respondió con una sonrisa— y ella los apreciaba porque me quería.

—Usted fue un estrecho colaborador del botánico Mario Calvino, quien sobre todo de México y Cuba hizo llegar a la Rivera de las flores (asi es conocida la zona donde esta ubicada San Remo) diferentes variedades botánicas, aunque haya pasado tanto tiempo, quisiera, a través de su recuerdo, saber de aquellas plantas tropicales que como puerta de entrada tuvieron San Remo.
Después del cierre de la Estación experimental de muchas plantas tropicales se perdieron las huellas. Pero aquí tengo este árbol de aguacate, el único—según Libereso—que queda de las plantas mexicanas que Mario Calvino trajo de México. Es un árbol muy interesante porque da un fruto delicioso, muy refinado. Este aguacate llega de las plantas mexicanas que trajo Mario Calvino, es una planta hembra, muy nutriente.

—¿Qué variedad es?
Es una Fuerte.

         Conversar con Libereso es entrar en equilibrio con todos los elementos. Ha trabajado en diferentes partes del mundo. Ha escrito muchos libros y producido artículos para revistas especializadas como Gardenia. Tuvo un padre excepcional para sus tiempos, un hombre que estudió por muchos años con los Jesuitas y que en un determinado momento de su vida rehusa seguir la vida religiosa y escoge el camino del Anarquismo. Era troskista, y en un gran humus cultural vivirá, convivirá y tendrá sus tres hijos: Libereso, Germinal y Omnia.

En su libro Libereso, el jardinero de Calvino (2009), Editorial Muzzio, me enteré que sabe recoger el aguamiel del Ágave, ¿cuándo fue la última vez que recogió Águamiel?
La última fue hace dos años—y Libereso tomó mi cuaderno de apuntes, un lápiz y dibujó una planta del Ágave explicándome cómo se recoge este néctar—: Cuando la planta florece, en el tronco se hace un corte en forma de cono, y poco a poco se va excavando en él de diez a quince centímetros, es en ese cono donde se va depositando poco a poco el aguamiel. Cuando era muchacho, con mis amigos, cada día iba y la recogía. Y cada vez rallaba más y más en el fondo del cono, lo cubría y regresaba al día siguiente. Bajaba y bajaba dentro del Ágave, abriendo más la herida, llegaba casi a la raíz de la planta y así recogía ocho, diez o quince litros de Járabe de Ágave. Algunas veces lo hacía hervir mucho y salía una especie de licor. Nos divertíamos mucho en aquellos tiempos.

—¿Ha visitado México?
—He dado vueltas por todo el mundo, estuve en Inglaterra, India, y muchos lugares de Asia, pero a México nunca he ido. Todas las informaciones que sé sobre  este país las aprendí trabajando con el profesor Mario Calvino en la Estación experimental.

—La Cultura de México nace entorno al Ágave—le comento.
—Lo sé que para los mexicanos el Ágave es una planta santa, de ella sacan fibras para tejidos y hasta sus hojas se pueden comer cocinadas en el horno.

—Como gran conocedor de plantas que es, para usted ¿cuál es el aspecto más hermoso de la planta de  Ágave?
—Que produce Aguamiel. Es una planta de la cual se extraen litros y litros de este precioso líquido.

En sus tiempos Mario Calvino también quiso introducir en Liguria una variedad de cabra mexicana.
—Sí, eran cabras comunitarias, no escapaban, estaban siempre en grupo, no son como las que conocemos aquí que se van cada una por su parte. Mario creía que podían ser muy útiles en este tipo de terreno porque estaban en manada, daban muchos litros de leche, y por sus característias podían comerse las hierbas y tener además los terrenos limpios.

—Una cualidad suya es la de respetar y conservar un magnífico diálogo con bichos como lagartijas, culebras, ranas  y sapos.
—Todos ellos son protectores de la naturaleza. Cada uno forma parte de un equilibrio perfecto, porque ocupan un lugar preciso en el ambiente; somos nosotros, los hombres, quienes  hemos perdido el contacto con la naturaleza, usamos los herbicidas y por esta causa en nuestros jardines hoy hacen falta culebras, lagartijas, ranas y sapos. Así extinguimos los animalitos que pueden servir de defensa contra los insectos que destruyen las plantas.

—Cambiando de tema Libereso, hoy todos compramos legumbres y frutas y en casa, después de limpiarlas para el consumo, botamos las semillas en la basura.
—Sí, y así cometemos un pecado contra la humanidad. Las semillas no se botan a la basura, van conservadas y dadas a alguien que pueda utilizarlas, porque se tienen que sembrar y si no dan frutos no importa, ya que pueden servir para hacer injertos.  Hoy la humanidad ha entrado en  un círculo sin sentido debido a la falta de conocimiento porque a nadie le conviene que se difunda la verdadera sabiduría de nuestro hermoso planeta.

—¿Cúal es su flor predilecta, la indispensable, aquella que le hace falta si no la ve?
—Una brizna de hierba, es la fundamental, sin la presencia de ella muchas plantas morirían porque se quedarían descubiertas.

—Muchos platos de la cocina tradicional de esta región italiana se hacen a base de hierbas silvestres.
—Sí, uno de éstos es el famoso Prebuggion. Todas las hierbas se recogen y es necesario poner mucha atención en calibrar todos los gustos porque lo amargo no se debe imponer sobre otro gusto y etc. Es necesario optar por una alimentación a base de plantas naturales aconseja Libereso que desciende de una familia de vegetarianos, inclusiveañade—: Las plantas tienen su sal natural que no apreciamos porque cuando se cocina se usan  muchos sabores artificiales que modifican el auténtico sabor de las plantas.


mayebaz@gmail.com
Concluí mis preguntas, y me despedí de la antítesis de Chance, el jardinero de Jerzy Kosinski; dejé a Libereso Guglielmi con su lucidez científica, su claridad  de  aborigen ligur en su casa de Baragallo, a pocos kilómetros de  Villa Matutiana, como era llamada San Remo en época romana.

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