Marcos Veroes reconoce a la adolescencia desde esta
actualidad que ya no se sabe si es postmoderna o qué. Un lugar y un sentimiento de arrebato que nos
trasciende a los adultos cuando los jóvenes nos van diciendo desde sus
encuentros, más vividos y más reales que en nuestra época, las cosas eran
diferentes: la perspectiva de vida es otra, los valores, las formas de
comunicación y el incesante latido que quiere indagarlo todo, conocerlo
todo.
El cuerpo ya no es el lugar aislado que no se toca, que no
se siente. Es un lugar de encuentro
consigo mismo y con el otro. Los
adolescentes ya no caben en los pupitres o en sus propias camas. Se suburbian, se inquietan, se encuentran
para llorar, reír o desdecirse. Se rebelan,
pero ahora en otras cosas: el sexo, el cigarro artesanal (quizás la marihuana),
el despecho, el deseo.
Nos presenta nombres, situaciones y conceptos nuevos para nosotros
que vamos dando paso a nuestros propios pasos para reconocer en los textos de
marco que, como decía Mercedes Sosa, “todo cambia”, excepto la ternura. Sin embargo la humanidad sigue siendo la
misma aunque más acelerada en la mocedad que ahora se nos para de frente para
recordarnos que hay mucho que descubrir ante
esta nueva forma de vivir la adolescencia, siempre llenando de nuevos sentidos
a la lucha generacional que siempre nos cubre de una angustia profunda de
significados y de modos de relacionarse con el todo.
Ingrid Chicote. 20/12/2012
Desde la mañana a la noche
Allí van
riendo, hablando,
soñando con los ojos abiertos
caminan sin preocupación
con ramas de canela en sus manos
lastimándose
no piensan
no saben
y sin embargo son felices.
Estos otros
desean. anhelan, aspiran
buscan con desesperación
y su día termina lleno de lagos
enrollados
de aguas tranquilas
como alcoholes que llenan la sangre
sin embriagar los sentidos
En este lado
espero que vacíen la cancha
los que saben jugar
los que no saben cansarse
mientras
cargo hojas de palabras
con mi pluma tinta de pimienta negra

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