sábado, 26 de septiembre de 2015

ECOS DE DIONISIO DE JOSÉ GREGORIO VÍLCHEZ MORÁN

(Anotaciones sobre algunos textos de poetas venezolanas contemporáneas)
José Gregorio Vílchez Morán
Departamento de Literatura. Escuela de Letras de la Universidad del Zulia.

RESUMEN
En el trabajo presentado se reflexiona sobre el discurso poético de algunas autoras venezolanas del contexto histórico-literario actual (Poetas nacidas a partir de la década de los años sesentas del Siglo XX), estableciendo las relaciones existentes entre poesía y feminidad y las implicaciones que estas nociones pueden tener sobre la asunción de la crítica literaria sobre sus respectivos discursos. A través de postulados teórico-metodológicos proporcionados por Barthes (1980), Culler (2000); las reflexiones de poetas como Eugenio Montejo (1983) y Armando Rojas Guardia (1985); y de la labor interpretadora de algunas exponentes de los estudios de género: Kristeva (1997) Corbatta (2002) Rivera Garretas (1995) y Russotto (1995); se lleva a cabo una lectura “a la deriva” del corpus textual, evidenciando que la obra de estas autoras es una muestra evidente de un discurso que, aunque aún en evolución, ya atina en interesantes hallazgos formales, temáticos y estético-literarios. También esta propuesta de análisis constituye una aproximación válida, que patentiza la pertinencia de estudios crítico-literarios desde posturas no excluyentes, desde el punto de vista de los estudios de género.
Palabras clave: Poesía, feminidad, crítica, estudios de género.

Ecos en la gruta de Dionisio
(Anotaciones sobre algunos textos de poetas venezolanas contemporáneas)

“En la mujer, en lo profundo de su cuerpo
se construye la casa,
entre murmullos y silencios.”
“Terredad” Eugenio Montejo
                                                       I

“El poeta auténtico  aprende a desmontar la resistencia
(y no a armarla, como aconsejan los manuales literarios);
crea mecanismos de indefensión para que el poema lo invada.
 Así pues, pasivamente femenina es la creación,
            y mientras más pasiva, más hondamente contribuye
            a gestar la voz poética” (Montejo.1985:114).

Esta reflexión de nuestro necesario Poeta Eugenio Montejo, nos permite oportunamente introducir algunos atisbos sobre las relaciones de la feminidad con la experiencia de la creación poética.  Desde la óptica montejiana asumimos que el discurso poético no debe ser abordado unívocamente desde una postura masculinamente excluyente, patriarcal y/o falocrática. Pareciera necesitarse de esa “sensibilidad” tan cercana a lo femenino  para acceder a la revelación y el goce de la poesía, sobre todo en medio de la tosquedad generalizada y la escasa sutilidad espiritual de nuestra globalizada “cultura” actual. De tal manera que, según esta visión próxima al pensamiento de algunos idearios filosóficos no occidentales, el poeta consiste en el ser humano más cercano a lo femenino: “El más Ying de los hombres”, bajo la filosofía oriental del Taoísmo, de quien Montejo era cercano seguidor.
Sobre esto insiste otro gran poeta venezolano, Armando Rojas Guardia, al declararnos que:
“El interior  del cuerpo,  de todo cuerpo es dionisíacamente femenino...
Y es que ese interior del cuerpo se asemeja arquetípicamente a lo inconsciente,
matriz de lo simbólico femenino y dionisíaco” (Rojas Guardia, 1985:60).

La escritura artística tan cercana a “lo erótico como experiencia interior” (Bataille), proviene del cuerpo, de su interioridad, del psiquismo y del alma, siendo la escritura literaria o el decir artístico prolongaciones de esa necesidad expresiva, tan sensible y femenina (no afeminada) con la que la palabra poética nos instaura en su impronta, en la visión del mundo y de sí de las (los) poetas, como cantar urgente y placido, increpante y melodioso, fuerte y nutricio.

II
Revisitar y revisar las voces poéticas femeninas en la totalidad de nuestra literatura venezolana contemporánea, resulta desde su misma intención, irrealizable. A pesar de nombres y obras ya establecidas en unívocas y desarrolladas búsquedas; existe también una vasta multiplicidad de discursos que evolucionan más allá de los contextos historiográficos, literarios y socio-políticos.
Para Márgara Russotto, es ubicable en la poesía venezolana escrita por mujeres un desínterés de laCrítica literaria hacia la labor lectora e investigativa sobre estas obras, a pesar de señalar que puede hablarse en nuestro país del surgimiento de una conciencia de género y de una identidad femenina señalable en nuestra poesía femenina contemporánea:
“Y ningún espacio más revelador que Venezuela, para rastrear los signos de un discurso poco atendido por la historiografía literaria oficial. En efecto, si el carácter problemático de las relaciones entre tradición y modernidad que caracterizan este espacio, produce relaciones descentradas y contradictorias entre discurso y realidad, y por tanto entre el escritor y su entorno, ello puede agudizarse notablemente, y hasta adquirir rasgos del todo inéditos, tratándose de un grupo social doblemente afectado por el descentramiento de la modernidad latinoamericana, como es el grupo de las mujeres.” (Russotto.1995: 193)

Para otros especialistas, como Jorgelina Corbatta, este desdén historiográfico y crítico hacia la escritura desarrollada por mujeres es común a toda Latinoamérica y tiene su origen en el patriarcado como modelo cultural y en la herencia europea de estructuras de poder antifeministas:
“...Al interior de la teoría feminista nos encontramos con la relectura crítica del feminismo francés y anglosajón; la adopción y el establecimiento de nexos con feministas del Tercer Mundo; el descubrimiento constante de escritoras y feministas latinoamericanas olvidadas en la lectura masculina de la historia literaria, artística y ensayística; la acuñación de nuevas categorías literarias y socio-culturales para abordar el fenómeno feminista-femenino latinoamericano como una realidad inédita que debe ser nominada, analizada y traída a la luz de los estudios literarios contemporáneos.” (Corbatta.2002:13)
           
A nuestra percepción existe, sobre todo, a partir desde las políticas editoriales implementadas por el Estado y otras instituciones oficiales y privadas desde 1999, una producción poética no sólo valorable en la edición ampliada de obras escritas por mujeres, sino en la calidad estética que es observable y sostenida en este discurso literario. Muestra de ello es también la diversidad temática abarcada, ubicando al discurso de estas poetas en vertientes de temáticas tan trascendentales como la crítica social, la retórica femenina, la noción de alteridad, la temporalidad, el intimismo, la soledad urbana y psicológica, el desarraigo tecnológico y el testimonio de lo cotidiano desde la vivencia confrontada e, incluso, desde su asunción de los valores ancestrales.
Proponemos aquí una mirada tan al ras que evade toda intencionalidad previa y propone una lectura   “a la deriva” (Barthes. 1980) y desde una perspectiva teóricamente literaria (Culler. 2000) de algunos nombres-ventanas que, a manera de registro, nos propicien el interés y la acuciosidad  en la lectura de estas voces femeninas, las cuales, sin duda, provocativamente nos seducirán con sus decires placenteros, con esas frases que inauguran los textos desde el placer lector y lo (des)bordan hacia nuevas también búsquedas ontológicas desde el poema. Consideraremos en este caso a algunas poetas nacidas en Venezuela a partir de 1960 y que han publicado su obra durante décadas posteriores; lo cual nos ubica en el contexto historico-literario del período democrático venezolano (1958-2015).
III
En María Antonieta Flores (Caracas, 1960) se propone una visión desandada de lo erótico. Sin caer en comunes lugares del lenguaje, esta poeta atina en establecer registros amorosos distintos que van desde las isotopías atacado-atacante, cazador en cacería, pasión conminada en deseo alardeado. La escritura en ella se asume como “trabajo interminable”, la soledad de las metáforas como arma certera y la declaración absoluta de adhesión a la denuncia de la condición femenina:
“...si desde esta tristeza se pudiera escribir un poema único y no esta repetida faena de vida inútil, desperdicio, entonces pudiera volver y ver mis dedos con el claro dibujo de las huelas de un tiempo que me pertenece y que ahora no existe...” “Los trabajos interminables” (Flores.1998)
“yo vengo de una estirpe de mujeres solas/eficaces/ inembargables/
derrotadas antes de nacer/ por la muerte/ siempre guardadas/
como semillas que arrastra el viento/ entregadas al sacrificio de la vida/
sin un futuro ni un presente/ sin vástagos que las resguarden/
aprendidas en soledad/ ellas mismas amamantándose...””Limaduras” (Flores.2005)

Luz Marina Almarza (Chivacoa, 1961), posibilita en sus textos el encuentro con la tradición mística cristiana y, a ratos, alcanza la iluminación ansiada en el lenguaje de su “Frágil luz deslumbradora” (Caracas, 2006). Con el registro mítico de su nombre, de esa “luz” cual “llama de amor viva”, intenta desde la tonalidad orante y su intención de plegaria encontrar la comunión con lo sagrado, con la persona amada y temida de Dios, asimismo desde su periplo existencial y creyente. Es un canto que roza lo testimonial de su condición humana y de la increpación a lo divino como respuesta a los padeceres y gozos, que desde su perspectiva femenina accede en la denotación de un lenguaje llano, sin rebuscamientos ni peripecias formales. El alma ansiosa de su “amada presencia divina” (Dios) asume al mundo y al poema como reflejos de la revelación y el desencuentro, del consuelo y la desazón, de la ausencia apenas atenuada por el poder convocador de la Palabra:
            “En la calidez del alba
            que nos brindas,
            la palabra vive
            del secreto,
            le acoge.

            La voz y la palabra
            como la claridad y la plenitud

            estallan
            para agolparse de nuevo.”
                                   (Almarza.2006:12)
           
            “Vivir la presencia de Dios,

            abandonándonos
            a Él,
            como si de pronto
            desapareciésemos
            en el océano

            comprender
            que el abandono
            se opone a la renuncia.”
                                   “Almarza.2006:22)
            “El desconsuelo
            ensordecedor
            nos hace extraviar
            como ciegos,
            para luego también irse
            a no sé dónde

            dejándonos sus marcas
            en el rostro.”
                                   (Almarza.2006:40)

En Cristina Falcón ( Trujillo, 1963) se da una exquisita madurez verbal. El poema aquí “revela” en la mejor concepción de Octavio Paz. De sus libros “Premura Sagrada” (1986) a “Memoria errante” (2008), el discurso se va engalanando a pasos agigantados donde el trato de la propia soledad, sus metáforas, lo convierten en un canto humanizado y universal, alejado de repeticiones y excresencias inútiles. La cavilación del ser, su condición en el mundo, no sólo desde lo fememino sino desde lo humano abarcador, condensan un decir de tonalidad solemne, casi mística, donde se refuta lo transitorio de la vida y se constata en la escritura aquello eternizable que aún puede ser conjurado bajo el poético poder de los tropos y los sentimientos. Su poema XVI de “Memoria errante” se clava en nuestra sensibilidad con la certeza de lo vivido e inolvidable:
            “Uno aprende a estar solo/ como el perro que aprende/ a no pasar/a quedarse afuera/.
            ...Uno se sienta/ con su plato/su cuchillo/ su tenedor/ todo en orden/ todo limpio/
demasiado todo...
Uno con su plato y su vaso/ con su silla/más tarde/con su almohada/con su frío/
su miedo./
Uno sin embargo/ aprende a estar solo/como el perro que mira/desde la intemperie/
y araña la puerta/ y no le abren y no le oyen.
Uno aprende/ a estar solo/o lo que es peor aún/ a creer que ha aprendido.” (Falcón.2008)

Ingrid Chicote (Caracas, 1965) en un volumen titulado “Caída Libre” (2014), el cual reúne cinco libros inéditos (“Aguilas o saltamontes”(1999); “”Los laberintos del alba”(2005); “Códigos”(2006); “Manglares y asfalto (2006) y “Salvajadas y máscaras(2010); recorre una ruta de fábulas y saberes ancestrales aunados a vivencias de militancia social subrayada y viscicitudes existenciales, todo lo cual confluye en la totalidad de una obra densa y cavilada que notablemente seduce por lo que tiene de logros no únicamente estéticos y/o formales. Su poesía nace de lo antitético, de la inconformidad del presente y de la asunción de lo memorable. Su búsqueda de la identidad poética y por qué no psíquica, es transgresora, confrontada  al devenir que se cuestiona desde la mismidad de lo femenino y de su insurrección militante, hasta en el plano ético y  político, incluso. El espacio de la casa es un espacio significante, poblado de símbolos, metáforas desarrollando una poética de la intimidad (en el mejor sentido bachelardiano) que por su cuestionamiento, avasalla murales y se instala en los espacios sociales no convencionales para la mujer.  No obstante, es en la memoria personal, donde su búsqueda cimenta, ramifica, y el poema que antes era conjuro y displicencia se vuelve celebratorio y conmovedor ante la vida misma:
            “Por un punto pasan infinitas rectas. Por una madre pasan infinitas vidas.
            En las madres nos colocamos en el inicio
            y arrancamos cada paso en el camino de las perspectivas.
            Es imposible situarnos dos veces en el mismo punto
            como no podemos nacer de dos madres en la misma vida. VII (2014:13)

            “Determino
            la hora de despertarme
            seguir adelante
            después del desayuno.

            Decido el color
            para vestirme
            pequeños detalles
            que debo mantener

            Viajar de noche a la playa
            sin ser completamente mía
            Caída libre
            espacio

            Prometo no tropezar
            ni hundirme
            de expectativas.” “Autonomía” (2014:89)

            “Palabra o estandarte
            erguida en cualquier iceberg

            Ondula en la mente
            como cualquier angustia
            manchada en sus colores
            para esconder lo libertario
            no tienen otra cosa
            que izar
            sus alas al viento” “Bandera”(2014:110)

            “Las máscaras de colores
            vacían los sentidos
            para hallar algún horizonte
            donde los rostros
            logren brillar al sol

            Caminos de flores
            entre barricadas de balas.” VII (2014:177)

Muchas voces han transitado los vericuetos del deseo no sin cordura, acierto y también naufragios. El discurso amoroso del poeta pareciera ir en contra de la banalización y promiscuidad con la que esta sociedad consumista concibe su degradada asunción del amor, o del eros. Ya Barthes nos decía con su voz que “El brío del texto (sin el cual en suma no hay texto) sería su voluntad de goce: allí mismo donde excede la demanda, sobrepasa el murmullo y trata de desbordar, de forzar la liberación de los adjetivos...”(Barthes 1996: 24). Encontramos este brío, a veces contenido, a veces desbordado con distinta fortuna en los estos textos de “EROSYONADA” de Nereyda Pérez (Mene Grande, 1961). Existe un juego de los sentidos que marcan las imágenes de este libro. Los vocablos discurren en corriente de meandros alusivos con distinta densidad. Su enunciación pareciera a ratos conjugar la levedad, para luego sin artilugios rebuscados situarnos en un nivel de expresión afectiva que la vuelve compartible, celebrable, comunicable:

            “Cuántos verbos conjugar
            cuántos adjetivos aplicar
            para aceptar que estoy desolada

            Un largo camino de espinas
            ha signado mi vida
            lo que ha quedado de camino y de mí
            te lo ofrendo

            No permitas que la esperanza
            siga suspendida en una daga.” (Pérez.2015:21)

Voces intertexuales dejan aquí escucharse. Se perciben ecos de Calcaño, Storni, Vestrini, Ibarborou; pero también Guillot, Pirela, ardores y quejumbres de oriunda identidad.
Poco a poco la existencia se bifurca en andariega trashumancia, periplos de otra Ítaca llamada Maracaibo y su increpante nocturnidad, el espacio-escenario donde el cuerpo muestra al deseo como alma y viceversa, sin ninguna pretensión exhibicionista. Nereyda Pérez obedece a su nombre y canta desde su feminidad, su hilación intuitiva, su irrenunciable bohemia, de la cual “EROSYONADA” es apenas un atisbo, la musitación cantada y contada de un recorrido que anticipa playas más densas y arribos definitivamente esperanzadores.
Un notable encuentro con formas propias de expresión poética de las culturas orientales, acontece a los textos de “Ahora sí. Ahora no” de Diana Abreu (Buenos Aires, 1946, con varias décadas de residencia en Venezuela). La brevedad de los haikus de proyecta en la profundidad de las connotaciones e imbricaciones existenciales. Los elementos del paisaje natural se traducen en símbolos significantes muy próximos a la experiencia de percepción de un paisaje interior, totalmente divorciado de la urgencia de lo citadino y el estruendo de las congestionadas avenidas. Se agradece aquí el detenimiento en la meditación, el encanto de la palabra encontrada no sin cavilación y aprehensión; desembocada en una sensibilidad tan humana que trasciende los feminismos y virilidades. Discurren aquí las imágenes cromáticas y sinestésicas, el rumor de la metáfora ondeante y precisa, las comparaciones afinadas para intentar aproximarse al esplendor de lo cósmico y sensitivo, lo temporal y lo trascendente:
            “Pienso en lo inmutable
            pero nada se detiene
            La primavera ha vuelto”
            *
            “El tronco vivo
            y la madera de la mesa
            Ambos florecen en el poema
            *
            “El gesto que vi en el lienzo
            no proviene del pincel
            Ni de la mano”
            *
            “Cambiemos las nubes
            por aquello que siento
            y tendremos lluvia”
            *
            “La mariposa, como el instante
            se me confunden
            Ahora sí. Ahora no.”

Claudia Sierich (Caracas, 1963) apuesta por el riesgoso juego  formal de la significancia. En sus textos hay un resquebrajar de la sintaxis y la tonalidad. Juegos verbales irradian significaciones plurales provenientes del detenimiento en el riguroso oficio de la traducción. El juego sintáctico da paso a frases intertextuales, sociolectales e idiolectales; disensiones gramaticales, intercambio de mayúsculas, cursivas; trastoque de espacios intratextuales, insistencia de los significantes, palíndromos, etc. Toda esta peripecia formal se aúna a búsquedas teóricas sobre la palabra, su papel en la significación y trascendencia de las cosas, en la situación de lo humano también frente al silencio engendrador y lo erótico del decir. Se trata, a nuestro parecer, de un discurso realmente distinto al habla poética femenina en nuestro contexto. Se aproxima a ciertas búsquedas, aquí en buena medida logradas, que exigen del lector otro tipo de posturas, quizá más exigentes, atentas, escrutadoras:
            “...
            Estas palabras desconocidas y hace tiempo
            olvidadas (que es decir otro tanto) llegan aromas
            de asoleados mares con brezal.

            Desmemoriadas alcanzan desde lo plexo.
            Como una metáfora de nada suenan a oleaje
            , recuerdos no, a querencia quizá-

            Espejismo. Desmesura que despliega
            lenta, cierta, la psique empalabrada.”
                                               “Tratado sin sobre muy completo...”(Sierich.2011:20)

            “Hablar garúa, brisamonte y lengua sonreída
            delirio sonreídadedolo son de lirio Dalí alelí
            a la lengua y también, los sonoros
            son los más antiguos. Allí el rezo, el gozo
            en pensar hacia dónde el demasiado.
            Por todo esto y aquello eros era pasar
            adelante, meter pezuña en la que se abre
            y entonces atravesar un ocurre transcurre...”
                                               ”Sostenemos a tiempo” (Sierich. 2011:25)

            “La ciudad que conozco también brota helechos
            arbóreos se sabe toda premonición. Crecer
            orquídeo cada órgano, me adentro. Palmas
            mis manos siento, los senos un naranjal, miríado
            sauce nace las sienes, siento verde
            cabellera limonaria y cayenas y un caudal
            improbable y siento, está por venir. Allende
            morfosea la entrega, cuál será la transacción.
            Latente o albor o desea...”
                                               “Hoy” (Sierich. 2011: 71)

Retomando una tradición intimista, a veces testimonial, constante en la escritura desarrollada por mujeres en nuestro país, “El final de la noche es otro abismo.”(2011) de Leisie Montiel (Cabimas, 1970) refleja un tratamiento estético acertado en la alusión a temas eminentemente existenciales, como el amor, la ausencia, la soledad, la muerte; en fin la introspección emotiva y la lectura corporal y espacial del mundo, desde una posición calibradamente femenina en su expresión. Percibimos en este texto de Montiel una tonalidad melancólica que exhala una relación intrínseca con la temática amorosa, no obstante, melancolía aquí no es sinónimo de inercia y oclusión, sino más bien de creación y recuperación. Podemos relacionar este nombrar desde el deseo y la melancolía, recordando las siguientes líneas escritas por Julia Kristeva:
            “La semiología, que se interesa por el grado cero del simbolismo, se interroga
            inevitablemente, no sólo sobre el estado amoroso, sino también sobre su
            deslucido corolario: la melancolía, para así constatar de golpe que si toda
            escritura es amorosa, toda imaginación es, abierta o secretamente,
            melancólica.” (Kristeva.1997:11)

Ciertamente, en este libro se articula un plano simbólico y formal que se conjugan en el resultado de una escritura sosegada y afinada, al punto de emparentar directamente música y poesía en un registro de representación melancólicamente hermoso. La poesía es aquí no sólo la expresión de la vivencia amorosa y de la pérdida, sino el centro de hilación arácnida de creación y representación de lugares, presencias y sentimientos a-bordados con una afinidad difícil de ubicar en este contexto estético-literario, sino más bien con otros intertextos femeninos latinoamericanos y también míticos (Ifigenia, Orfeo -en femenina versión-, los gnomos, lo fantasmal, y otro(a)s):
            “...
            Busco emprender el cielo
            con un sueño en los labios,
            roer cualquier canción que me apresure
            a olvidar el silencio en sus antiguas conchas.

            Pero se eleva el polvo de tu nombre
            y lo oscurec
            el regreso que arrastro.”
                        “Pero se eleva el polvo de tu nombre” (Montiel. 2011:27)

            “Elfinal de la noche es otro abismo
            donde las voces viejas
            se estrían en mi cuerpo.
            Ningún lunar del día que tiemble
            en la distancia
            es el hilo sagrado
            de los sueños terrestres.
            (...)
            Por eso monto el arco de escaleras gigantes
            y en cada escalón vivo
            la lluvia de sus pétalos,
            desrizo caracoles que han grabado los años
            y asciendo contra el peso de los jardines
            mágicos,
            que la memoria crea
            para luego olvidarlos.”
                        “Viaje a la luz” (Montiel.2011:35)

            “Donde termina la palabra
            allí mueres,
            en tumba de puntos y comas
            te disuelves,
            y otra vez,
            a vuelta de hoja
            la resurrección.”
                        “Sentencia” (Montiel.2011:76)

Un revelador hallazgo lo constituye el texto “Bajo la sombra agitada del árbol” (2012) de Lenys Hernández Purroy (Caracas, 1968). La sencillez formal, sumada a la profundidad meditativa y la elegancia verbal traman cual ramificación arbórea, una red simbólica y metafórica de hondas connotaciones místicas e incluso eróticas. No se trata aquí de un misticismo dogmático, repetitivo de antiguas formas oracionales ni de trasnochadas beatitudes. Lenys acierta en registrar con novedad y equilibro su visión “numinosa” del mundo, en una especie de vivencia escritural que anhela en el poema expresar la sacralidad intrínseca y manifiesta en los seres, los elementos del paisaje y hasta en sí misma, como imagen de una armonía que abraza todo lo creado. Este misticismo es también humano y corpóreo, celebratorio y placentero. Los intertextos bíblicos subyacen tanto en la expresión como en la alusión metafórica, mas sin medrar la originalidad de un discurso que logra, no sin comedimiento y rigor, sobrepasar fluidamente rancias y gastadas posturas. Luces, mares, árboles, pájaros, hojas, ciudad, cuerpos; son significantes de un salmo que emana de lo viviente como canto y presencia natural y no como dogma ni catecismo. Por ello, percibimos en este texto esa emanación mística-.erótica, que no es ajena a los verdaderos exponentes del misticismo y su  expresión, acertadamente pertinente y propicia, sobre todo en este contexto histórico marcado por la duda y la descreencia:
            “(...)
             Desgaja las encinas
            desnuda el bosque
            y hazlo temblar como al desierto.

            La casta asolada cruje sus dientes.
            Huye el pelícano y el búho de las soledades.

            Todo cuelga sobre el murmullo.”
                                               “Abismo” (Hernández.2012:13)

            “Desde el precipicio crepitan los huesos
            me recreo en las sombras
            e insinúo resurrección.

            Máximos ardores depuran a escalpelo lo inservible
            devoran lo vicioso de mí
            ofrecen mi espíritu a los caminos del sol.

            Ante los cuatro puntos cardinales
            sopla la carne estremecida.”
                                   “Gloria” (Hernández.2012:22)

            “Me atrevo a ser
            holocausto puntual
            simbiosis de veneno y riego,
            omnipresente flujo de luz
            calor de dientes.
            Polizonte de pájaros
            y peces.”
                                   “Desafío” (Hernández.2012:36)
            “Un ojo cuelga de las ramas
            se abre como un beso
            desbordado
            sobre la hora del socaire,
            luce un collar leonado en la garganta
            donde fuego y luz titilan
            toda la fuerza del universo.

            El ángelus se hace pródigo de luz
            intenta cantar latidos inmortales
            en el balcón de tus pestañas,
            ser efluvio de agua y sal
            viento tibio de mar sonando estío.

            De mi puerto nombrado eres la lindeza.
                                   “Crepúsculo” (Hernández.2012:45)

La deriva lectora dedicada a la escritura de estas poetas venezolanas del período contemporáneo, es una muestra evidente de un discurso que, aunque aún en evolución, ya atina en interesantes hallazgos formales, temáticos y estético-literarios. También es una aproximación válida que patentiza la validez de estudios crítico-literarios desde posturas no excluyentes, y posibles también sin ninguna contaminación o prejuicio lector, desde nuestra condición masculina. Es evidente, asimismo, la humanidad desbordada y asumida en el discurso poético de estas autoras revelándonos también porciones sensibles y profundizadoras de nuestra (sus) realidades. Muchas voces aunadas esperan también por la revisión crítica e investigativa, que posiblemente, enriquecerán el canon literario de nuestra época venezolana actual, tan abrupta y plural en los discursos y retóricas. Entremos sin pudores ni sesgos a la gruta de Dionisio, donde la interioridad femenina y abierta, nos recibe con sus ecos y murmullos tan apetecibles como la canción amorosa de estas escritoras Al hacerlo, estaremos iniciando un acercamiento, quizá más auténtico, a nuestras humanas esencias, aún más necesarias en su recuperación, en un mundo deshumanizado y frígidamente decadente como el que padecemos.
Msc. José Gregorio Vílchez Morán

BIBLIOGRAFÍA DIRECTA
-LEVERTOV, Denise (1979). “El poeta en el mundo”. Caracas. Monte Ávila Editores. Colección Estudios.
-MONTEJO, Eugenio (1983). “El taller  blanco” Caracas. Fundarte-
-ROJAS GUARDIA, Armando (1985). “El dios de la intemperie”.Caracas. Editorial Mandorla
-CHICOTE, Ingrid. (2014) “Caída Libre”. Caracas. Monte Ávila Editores. Colección Altazor
-CORBATTA, Jorgelina. (2002) . “Feminismo y escritura femenina en Latinoamérica”. Buenos Aires, Argentina.. Editorial Corregidor.
-CULLER, Jonathan.(2000). “Breve introducción a la teoría literaria”. Barcelona. España. Editorial Crítica.
-RIVERA GARRETAS, María Milagros.(1995) “Textos y espacios de mujeres”. Barcelona, España. Icaria Editorial.
-ABREU, Diana. (2001) “Ahora sí. Ahora no”. Caracas. Fondo Editorial Artemis.
-BARTHES, Roland. (1980) “S/Z”. Madrid. España. Editorial Cátedra.
-RUSOTTO, Márgara (1995) “La amada que no era inmóvil. Identidad femenina en la poesía venezolana moderna”. Revista “Nueva Sociedad” N°135. Caracas. Enero-febrero. Pags: 150-163.
-FLORES, María Antonieta. “Antología Poética” en http/www.artepoetica.net/Maria_Antonieta_Flores.htm
-PÉREZ, Nereyda. (2015) “ EROSYONADA”. Versión personal digitalizada en proceso de publicación.
-SIERICH, Claudia (2011) “dicha la dádiva”, Colección Papiros Poesía. Universidad Simón Bolívar. Caracas. Editorial Equinoccio.
-MONTIEL SPLUGA, Leisie. (2011) “El final de la noche es otro abismo”. Maracaibo. Ediciones del Vice-rectorado Académico de L.U.Z. Colección Arte y Letras.
-KRISTEVA, Julia. (1997) “Sol negro. Depresión y melancolía.” Caracas. Monte Ávila Editores.
-HERNÁNDEZ PURROY, Lenys. (2012) “Bajo la sombra agitada del árbol” Maracaibo. Proyecto Expresiones.
-ALMARZA, Luz Marina. (2006). “Frágil luz deslumbradora”. Caracas. Editorial El perro y la rana.



No hay comentarios:

Publicar un comentario