(Anotaciones
sobre algunos textos de poetas venezolanas contemporáneas)
José Gregorio Vílchez Morán
Departamento de Literatura. Escuela
de Letras de la Universidad del Zulia.
RESUMEN
En
el trabajo presentado se reflexiona sobre el discurso poético de algunas
autoras venezolanas del contexto histórico-literario actual (Poetas nacidas a
partir de la década de los años sesentas del Siglo XX), estableciendo las
relaciones existentes entre poesía y feminidad y las implicaciones que estas
nociones pueden tener sobre la asunción de la crítica literaria sobre sus
respectivos discursos. A través de postulados teórico-metodológicos
proporcionados por Barthes (1980), Culler (2000); las reflexiones de poetas
como Eugenio Montejo (1983) y Armando Rojas Guardia (1985); y de la labor
interpretadora de algunas exponentes de los estudios de género: Kristeva (1997)
Corbatta (2002) Rivera Garretas (1995) y Russotto (1995); se lleva a cabo una
lectura “a la deriva” del corpus textual, evidenciando que la obra de estas
autoras es una muestra evidente de un discurso que, aunque aún en evolución, ya
atina en interesantes hallazgos formales, temáticos y estético-literarios.
También esta propuesta de análisis constituye una aproximación válida, que
patentiza la pertinencia de estudios crítico-literarios desde posturas no
excluyentes, desde el punto de vista de los estudios de género.
Palabras clave:
Poesía, feminidad, crítica, estudios de género.
Ecos en la gruta de Dionisio
(Anotaciones sobre algunos textos
de poetas venezolanas contemporáneas)
“En la mujer, en lo profundo de
su cuerpo
se construye la casa,
entre murmullos
y silencios.”
“Terredad” Eugenio Montejo
I
“El poeta
auténtico aprende a desmontar la
resistencia
(y no a armarla, como aconsejan
los manuales literarios);
crea mecanismos de
indefensión para que el poema lo invada.
Así pues, pasivamente femenina es la creación,
y mientras más pasiva, más hondamente
contribuye
a gestar la voz poética” (Montejo.1985:114).
Esta
reflexión de nuestro necesario Poeta Eugenio Montejo, nos permite oportunamente
introducir algunos atisbos sobre las relaciones de la feminidad con la
experiencia de la creación poética. Desde la óptica montejiana asumimos que el
discurso poético no debe ser abordado unívocamente desde una postura
masculinamente excluyente, patriarcal y/o falocrática. Pareciera necesitarse de
esa “sensibilidad” tan cercana a lo femenino
para acceder a la revelación y el goce de la poesía, sobre todo en medio
de la tosquedad generalizada y la escasa sutilidad espiritual de nuestra
globalizada “cultura” actual. De tal manera que, según esta visión próxima al
pensamiento de algunos idearios filosóficos no occidentales, el poeta consiste
en el ser humano más cercano a lo femenino: “El más Ying de los hombres”, bajo
la filosofía oriental del Taoísmo, de quien Montejo era cercano seguidor.
Sobre
esto insiste otro gran poeta venezolano, Armando Rojas Guardia, al declararnos
que:
“El
interior del cuerpo, de todo cuerpo es dionisíacamente femenino...
Y
es que ese interior del cuerpo se asemeja arquetípicamente a lo inconsciente,
matriz
de lo simbólico femenino y dionisíaco” (Rojas Guardia, 1985:60).
La
escritura artística tan cercana a “lo erótico como experiencia interior” (Bataille),
proviene del cuerpo, de su interioridad, del psiquismo y del alma, siendo la
escritura literaria o el decir artístico prolongaciones de esa necesidad expresiva,
tan sensible y femenina (no afeminada) con la que la palabra poética nos
instaura en su impronta, en la visión del mundo y de sí de las (los) poetas,
como cantar urgente y placido, increpante y melodioso, fuerte y nutricio.
II
Revisitar
y revisar las voces poéticas femeninas en la totalidad de nuestra literatura
venezolana contemporánea, resulta desde su misma intención, irrealizable. A
pesar de nombres y obras ya establecidas en unívocas y desarrolladas búsquedas;
existe también una vasta multiplicidad de discursos que evolucionan más allá de
los contextos historiográficos, literarios y socio-políticos.
Para
Márgara Russotto, es ubicable en la poesía venezolana escrita por mujeres un
desínterés de laCrítica literaria hacia la labor lectora e investigativa sobre
estas obras, a pesar de señalar que puede hablarse en nuestro país del
surgimiento de una conciencia de género y de una identidad femenina señalable
en nuestra poesía femenina contemporánea:
“Y ningún espacio más
revelador que Venezuela, para rastrear los signos de un discurso poco atendido
por la historiografía literaria oficial. En efecto, si el carácter problemático
de las relaciones entre tradición y modernidad que caracterizan este espacio,
produce relaciones descentradas y contradictorias entre discurso y realidad, y
por tanto entre el escritor y su entorno, ello puede agudizarse notablemente, y
hasta adquirir rasgos del todo inéditos, tratándose de un grupo social doblemente
afectado por el descentramiento de la modernidad latinoamericana, como es el
grupo de las mujeres.” (Russotto.1995: 193)
Para
otros especialistas, como Jorgelina Corbatta, este desdén historiográfico y
crítico hacia la escritura desarrollada por mujeres es común a toda
Latinoamérica y tiene su origen en el patriarcado como modelo cultural y en la
herencia europea de estructuras de poder antifeministas:
“...Al interior de la teoría feminista nos
encontramos con la relectura crítica del feminismo francés y anglosajón; la
adopción y el establecimiento de nexos con feministas del Tercer Mundo; el
descubrimiento constante de escritoras y feministas latinoamericanas olvidadas
en la lectura masculina de la historia literaria, artística y ensayística; la
acuñación de nuevas categorías literarias y socio-culturales para abordar el
fenómeno feminista-femenino latinoamericano como una realidad inédita que debe
ser nominada, analizada y traída a la luz de los estudios literarios
contemporáneos.” (Corbatta.2002:13)
A
nuestra percepción existe, sobre todo, a partir desde las políticas editoriales
implementadas por el Estado y otras instituciones oficiales y privadas desde
1999, una producción poética no sólo valorable en la edición ampliada de obras
escritas por mujeres, sino en la calidad estética que es observable y sostenida
en este discurso literario. Muestra de ello es también la diversidad temática
abarcada, ubicando al discurso de estas poetas en vertientes de temáticas tan
trascendentales como la crítica social, la retórica femenina, la noción de
alteridad, la temporalidad, el intimismo, la soledad urbana y psicológica, el
desarraigo tecnológico y el testimonio de lo cotidiano desde la vivencia
confrontada e, incluso, desde su asunción de los valores ancestrales.
Proponemos
aquí una mirada tan al ras que evade toda intencionalidad previa y propone una
lectura “a la deriva” (Barthes. 1980) y desde una
perspectiva teóricamente literaria (Culler. 2000) de algunos nombres-ventanas
que, a manera de registro, nos propicien el interés y la acuciosidad en la lectura de estas voces femeninas, las
cuales, sin duda, provocativamente nos seducirán con sus decires placenteros,
con esas frases que inauguran los textos desde el placer lector y lo
(des)bordan hacia nuevas también búsquedas ontológicas desde el poema.
Consideraremos en este caso a algunas poetas nacidas en Venezuela a partir de
1960 y que han publicado su obra durante décadas posteriores; lo cual nos ubica
en el contexto historico-literario del período democrático venezolano
(1958-2015).
III
En
María Antonieta Flores (Caracas, 1960) se propone una visión desandada de lo
erótico. Sin caer en comunes lugares del lenguaje, esta poeta atina en
establecer registros amorosos distintos que van desde las isotopías
atacado-atacante, cazador en cacería, pasión conminada en deseo alardeado. La
escritura en ella se asume como “trabajo interminable”, la soledad de las
metáforas como arma certera y la declaración absoluta de adhesión a la denuncia
de la condición femenina:
“...si
desde esta tristeza se pudiera escribir un poema único y no esta repetida faena
de vida inútil, desperdicio, entonces pudiera volver y ver mis dedos con el
claro dibujo de las huelas de un tiempo que me pertenece y que ahora no
existe...” “Los trabajos interminables” (Flores.1998)
“yo
vengo de una estirpe de mujeres solas/eficaces/ inembargables/
derrotadas
antes de nacer/ por la muerte/ siempre guardadas/
como
semillas que arrastra el viento/ entregadas al sacrificio de la vida/
sin
un futuro ni un presente/ sin vástagos que las resguarden/
aprendidas
en soledad/ ellas mismas amamantándose...””Limaduras” (Flores.2005)
Luz
Marina Almarza (Chivacoa, 1961), posibilita en sus textos el encuentro con la
tradición mística cristiana y, a ratos, alcanza la iluminación ansiada en el
lenguaje de su “Frágil luz deslumbradora” (Caracas, 2006). Con el registro
mítico de su nombre, de esa “luz” cual “llama de amor viva”, intenta desde la
tonalidad orante y su intención de plegaria encontrar la comunión con lo
sagrado, con la persona amada y temida de Dios, asimismo desde su periplo
existencial y creyente. Es un canto que roza lo testimonial de su condición
humana y de la increpación a lo divino como respuesta a los padeceres y gozos,
que desde su perspectiva femenina accede en la denotación de un lenguaje llano,
sin rebuscamientos ni peripecias formales. El alma ansiosa de su “amada
presencia divina” (Dios) asume al mundo y al poema como reflejos de la
revelación y el desencuentro, del consuelo y la desazón, de la ausencia apenas
atenuada por el poder convocador de la Palabra:
“En la calidez del alba
que nos brindas,
la palabra vive
del secreto,
le acoge.
La voz y la palabra
como la claridad y la plenitud
estallan
para agolparse de nuevo.”
(Almarza.2006:12)
“Vivir la presencia de Dios,
abandonándonos
a Él,
como si de pronto
desapareciésemos
en el océano
comprender
que el abandono
se opone a la renuncia.”
“Almarza.2006:22)
“El desconsuelo
ensordecedor
nos hace extraviar
como ciegos,
para luego también irse
a no sé dónde
dejándonos sus marcas
en el rostro.”
(Almarza.2006:40)
En
Cristina Falcón ( Trujillo, 1963) se da una exquisita madurez verbal. El poema
aquí “revela” en la mejor concepción de Octavio Paz. De sus libros “Premura
Sagrada” (1986) a “Memoria errante” (2008), el discurso se va engalanando a
pasos agigantados donde el trato de la propia soledad, sus metáforas, lo
convierten en un canto humanizado y universal, alejado de repeticiones y
excresencias inútiles. La cavilación del ser, su condición en el mundo, no sólo
desde lo fememino sino desde lo humano abarcador, condensan un decir de
tonalidad solemne, casi mística, donde se refuta lo transitorio de la vida y se
constata en la escritura aquello eternizable que aún puede ser conjurado bajo
el poético poder de los tropos y los sentimientos. Su poema XVI de “Memoria
errante” se clava en nuestra sensibilidad con la certeza de lo vivido e
inolvidable:
“Uno aprende a estar solo/ como el perro que aprende/ a
no pasar/a quedarse afuera/.
...Uno se sienta/ con su plato/su cuchillo/ su tenedor/
todo en orden/ todo limpio/
demasiado
todo...
Uno
con su plato y su vaso/ con su silla/más tarde/con su almohada/con su frío/
su
miedo./
Uno
sin embargo/ aprende a estar solo/como el perro que mira/desde la intemperie/
y
araña la puerta/ y no le abren y no le oyen.
Uno
aprende/ a estar solo/o lo que es peor aún/ a creer que ha aprendido.”
(Falcón.2008)
Ingrid
Chicote (Caracas, 1965) en un volumen titulado “Caída Libre” (2014), el cual
reúne cinco libros inéditos (“Aguilas o saltamontes”(1999); “”Los laberintos
del alba”(2005); “Códigos”(2006); “Manglares y asfalto (2006) y “Salvajadas y
máscaras(2010); recorre una ruta de fábulas y saberes ancestrales aunados a
vivencias de militancia social subrayada y viscicitudes existenciales, todo lo
cual confluye en la totalidad de una obra densa y cavilada que notablemente
seduce por lo que tiene de logros no únicamente estéticos y/o formales. Su
poesía nace de lo antitético, de la inconformidad del presente y de la asunción
de lo memorable. Su búsqueda de la identidad poética y por qué no psíquica, es
transgresora, confrontada al devenir que
se cuestiona desde la mismidad de lo femenino y de su insurrección militante,
hasta en el plano ético y político,
incluso. El espacio de la casa es un espacio significante, poblado de símbolos,
metáforas desarrollando una poética de la intimidad (en el mejor sentido
bachelardiano) que por su cuestionamiento, avasalla murales y se instala en los
espacios sociales no convencionales para la mujer. No obstante, es en la memoria personal, donde
su búsqueda cimenta, ramifica, y el poema que antes era conjuro y displicencia
se vuelve celebratorio y conmovedor ante la vida misma:
“Por un punto pasan infinitas rectas. Por una madre pasan
infinitas vidas.
En las madres nos colocamos en el inicio
y arrancamos cada paso en el camino de las perspectivas.
Es imposible situarnos dos veces en el mismo punto
como no podemos nacer de dos madres en la misma vida. VII
(2014:13)
“Determino
la hora de despertarme
seguir adelante
después del desayuno.
Decido el color
para vestirme
pequeños detalles
que debo mantener
Viajar de noche a la playa
sin ser completamente mía
Caída libre
espacio
Prometo no tropezar
ni hundirme
de expectativas.” “Autonomía” (2014:89)
“Palabra o estandarte
erguida en cualquier iceberg
Ondula en la mente
como cualquier angustia
manchada en sus colores
para esconder lo libertario
no tienen otra cosa
que izar
sus alas al viento” “Bandera”(2014:110)
“Las máscaras de colores
vacían los sentidos
para hallar algún horizonte
donde los rostros
logren brillar al sol
Caminos de flores
entre barricadas de balas.” VII (2014:177)
Muchas
voces han transitado los vericuetos del deseo no sin cordura, acierto y también
naufragios. El discurso amoroso del poeta pareciera ir en contra de la
banalización y promiscuidad con la que esta sociedad consumista concibe su
degradada asunción del amor, o del eros.
Ya Barthes nos decía con su voz que “El brío del texto (sin el cual en suma no
hay texto) sería su voluntad de goce: allí mismo donde excede la demanda,
sobrepasa el murmullo y trata de desbordar, de forzar la liberación de los
adjetivos...”(Barthes 1996: 24). Encontramos este brío, a veces contenido, a
veces desbordado con distinta fortuna en los estos textos de “EROSYONADA” de
Nereyda Pérez (Mene Grande, 1961). Existe
un juego de los sentidos que marcan las imágenes de este libro. Los vocablos
discurren en corriente de meandros alusivos con distinta densidad. Su
enunciación pareciera a ratos conjugar la levedad, para luego sin artilugios
rebuscados situarnos en un nivel de expresión afectiva que la vuelve
compartible, celebrable, comunicable:
“Cuántos verbos conjugar
cuántos adjetivos aplicar
para aceptar que estoy
desolada
Un largo camino de espinas
ha signado mi vida
lo que ha quedado de
camino y de mí
te lo ofrendo
No permitas que la esperanza
siga suspendida en una
daga.” (Pérez.2015:21)
Voces intertexuales dejan aquí escucharse. Se perciben
ecos de Calcaño, Storni, Vestrini, Ibarborou; pero también Guillot, Pirela,
ardores y quejumbres de oriunda identidad.
Poco a poco la existencia se bifurca en andariega
trashumancia, periplos de otra Ítaca llamada Maracaibo y su increpante
nocturnidad, el espacio-escenario donde el cuerpo muestra al deseo como alma y
viceversa, sin ninguna pretensión exhibicionista. Nereyda Pérez obedece a su
nombre y canta desde su feminidad, su hilación intuitiva, su irrenunciable
bohemia, de la cual “EROSYONADA” es apenas un atisbo, la musitación cantada y
contada de un recorrido que anticipa playas más densas y arribos
definitivamente esperanzadores.
Un notable encuentro con formas propias de expresión
poética de las culturas orientales, acontece a los textos de “Ahora sí. Ahora
no” de Diana Abreu (Buenos Aires, 1946, con varias décadas de residencia en
Venezuela). La brevedad de los haikus de proyecta en la profundidad de las
connotaciones e imbricaciones existenciales. Los elementos del paisaje natural
se traducen en símbolos significantes muy próximos a la experiencia de
percepción de un paisaje interior, totalmente divorciado de la urgencia de lo
citadino y el estruendo de las congestionadas avenidas. Se agradece aquí el
detenimiento en la meditación, el encanto de la palabra encontrada no sin
cavilación y aprehensión; desembocada en una sensibilidad tan humana que
trasciende los feminismos y virilidades. Discurren aquí las imágenes cromáticas
y sinestésicas, el rumor de la metáfora ondeante y precisa, las comparaciones
afinadas para intentar aproximarse al esplendor de lo cósmico y sensitivo, lo
temporal y lo trascendente:
“Pienso en lo inmutable
pero nada se detiene
La primavera ha vuelto”
*
“El tronco vivo
y la madera de la mesa
Ambos florecen en el poema
*
“El gesto que vi en el lienzo
no proviene del pincel
Ni de la mano”
*
“Cambiemos las nubes
por aquello que siento
y tendremos lluvia”
*
“La mariposa, como el
instante
se me confunden
Ahora sí. Ahora no.”
Claudia Sierich (Caracas, 1963) apuesta por el riesgoso
juego formal de la significancia. En sus
textos hay un resquebrajar de la sintaxis y la tonalidad. Juegos verbales
irradian significaciones plurales provenientes del detenimiento en el riguroso
oficio de la traducción. El juego sintáctico da paso a frases intertextuales, sociolectales
e idiolectales; disensiones gramaticales, intercambio de mayúsculas, cursivas;
trastoque de espacios intratextuales, insistencia de los significantes,
palíndromos, etc. Toda esta peripecia formal se aúna a búsquedas teóricas sobre
la palabra, su papel en la significación y trascendencia de las cosas, en la
situación de lo humano también frente al silencio engendrador y lo erótico del
decir. Se trata, a nuestro parecer, de un discurso realmente distinto al habla
poética femenina en nuestro contexto. Se aproxima a ciertas búsquedas, aquí en
buena medida logradas, que exigen del lector otro tipo de posturas, quizá más
exigentes, atentas, escrutadoras:
“...
Estas palabras
desconocidas y hace tiempo
olvidadas (que es decir
otro tanto) llegan aromas
de asoleados mares con
brezal.
Desmemoriadas alcanzan
desde lo plexo.
Como una metáfora de nada
suenan a oleaje
, recuerdos no, a
querencia quizá-
Espejismo. Desmesura que
despliega
lenta, cierta, la psique
empalabrada.”
“Tratado
sin sobre muy completo...”(Sierich.2011:20)
“Hablar garúa, brisamonte
y lengua sonreída
delirio sonreídadedolo son de lirio Dalí alelí
a la lengua y también, los
sonoros
son los más antiguos. Allí
el rezo, el gozo
en pensar hacia dónde el
demasiado.
Por todo esto y aquello eros era pasar
adelante, meter pezuña en
la que se abre
y entonces atravesar un
ocurre transcurre...”
”Sostenemos
a tiempo” (Sierich. 2011:25)
“La ciudad que conozco
también brota helechos
arbóreos se sabe toda
premonición. Crecer
orquídeo cada órgano, me
adentro. Palmas
mis manos siento, los
senos un naranjal, miríado
sauce nace las sienes, siento
verde
cabellera limonaria y
cayenas y un caudal
improbable y siento, está
por venir. Allende
morfosea la entrega, cuál
será la transacción.
Latente o albor o
desea...”
“Hoy”
(Sierich. 2011: 71)
Retomando una tradición intimista, a veces testimonial,
constante en la escritura desarrollada por mujeres en nuestro país, “El final
de la noche es otro abismo.”(2011) de Leisie Montiel (Cabimas, 1970) refleja un
tratamiento estético acertado en la alusión a temas eminentemente
existenciales, como el amor, la ausencia, la soledad, la muerte; en fin la
introspección emotiva y la lectura corporal y espacial del mundo, desde una
posición calibradamente femenina en su expresión. Percibimos en este texto de
Montiel una tonalidad melancólica que exhala una relación intrínseca con la
temática amorosa, no obstante, melancolía aquí no es sinónimo de inercia y
oclusión, sino más bien de creación y recuperación. Podemos relacionar este
nombrar desde el deseo y la melancolía, recordando las siguientes líneas escritas
por Julia Kristeva:
“La semiología, que se
interesa por el grado cero del simbolismo, se interroga
inevitablemente, no sólo
sobre el estado amoroso, sino también sobre su
deslucido corolario: la
melancolía, para así constatar de golpe que si toda
escritura es amorosa, toda
imaginación es, abierta o secretamente,
melancólica.”
(Kristeva.1997:11)
Ciertamente, en este libro se articula un plano simbólico
y formal que se conjugan en el resultado de una escritura sosegada y afinada,
al punto de emparentar directamente música y poesía en un registro de
representación melancólicamente hermoso. La poesía es aquí no sólo la expresión
de la vivencia amorosa y de la pérdida, sino el centro de hilación arácnida de
creación y representación de lugares, presencias y sentimientos a-bordados con
una afinidad difícil de ubicar en este contexto estético-literario, sino más
bien con otros intertextos femeninos latinoamericanos y también míticos
(Ifigenia, Orfeo -en femenina versión-, los gnomos, lo fantasmal, y otro(a)s):
“...
Busco emprender el cielo
con un sueño en los
labios,
roer cualquier canción que
me apresure
a olvidar el silencio en
sus antiguas conchas.
Pero se eleva el polvo de
tu nombre
y lo oscurec
el regreso que arrastro.”
“Pero se eleva
el polvo de tu nombre” (Montiel. 2011:27)
“Elfinal de la noche es
otro abismo
donde las voces viejas
se estrían en mi cuerpo.
Ningún lunar del día que
tiemble
en la distancia
es el hilo sagrado
de los sueños terrestres.
(...)
Por eso monto el arco de escaleras
gigantes
y en cada escalón vivo
la lluvia de sus pétalos,
desrizo caracoles que han
grabado los años
y asciendo contra el peso
de los jardines
mágicos,
que la memoria crea
para luego olvidarlos.”
“Viaje a la
luz” (Montiel.2011:35)
“Donde termina la palabra
allí mueres,
en tumba de puntos y comas
te disuelves,
y otra vez,
a vuelta de hoja
la resurrección.”
“Sentencia”
(Montiel.2011:76)
Un revelador hallazgo lo constituye el texto “Bajo la
sombra agitada del árbol” (2012) de Lenys Hernández Purroy (Caracas, 1968). La
sencillez formal, sumada a la profundidad meditativa y la elegancia verbal
traman cual ramificación arbórea, una red simbólica y metafórica de hondas
connotaciones místicas e incluso eróticas. No se trata aquí de un misticismo
dogmático, repetitivo de antiguas formas oracionales ni de trasnochadas
beatitudes. Lenys acierta en registrar con novedad y equilibro su visión
“numinosa” del mundo, en una especie de vivencia escritural que anhela en el
poema expresar la sacralidad intrínseca y manifiesta en los seres, los
elementos del paisaje y hasta en sí misma, como imagen de una armonía que
abraza todo lo creado. Este
misticismo es también humano y corpóreo, celebratorio y placentero. Los
intertextos bíblicos subyacen tanto en la expresión como en la alusión
metafórica, mas sin medrar la originalidad de un discurso que logra, no sin
comedimiento y rigor, sobrepasar fluidamente rancias y gastadas posturas.
Luces, mares, árboles, pájaros, hojas, ciudad, cuerpos; son significantes de un
salmo que emana de lo viviente como canto y presencia natural y no como dogma
ni catecismo. Por ello, percibimos en este texto esa emanación
mística-.erótica, que no es ajena a los verdaderos exponentes del misticismo y
su expresión, acertadamente pertinente y
propicia, sobre todo en este contexto histórico marcado por la duda y la
descreencia:
“(...)
Desgaja las encinas
desnuda el bosque
y hazlo temblar como al
desierto.
La casta asolada cruje sus
dientes.
Huye el pelícano y el búho
de las soledades.
Todo cuelga sobre el
murmullo.”
“Abismo”
(Hernández.2012:13)
“Desde el precipicio
crepitan los huesos
me recreo en las sombras
e insinúo resurrección.
Máximos ardores depuran a
escalpelo lo inservible
devoran lo vicioso de mí
ofrecen mi espíritu a los
caminos del sol.
Ante los cuatro puntos
cardinales
sopla la carne
estremecida.”
“Gloria”
(Hernández.2012:22)
“Me atrevo a ser
holocausto puntual
simbiosis de veneno y
riego,
omnipresente flujo de luz
calor de dientes.
Polizonte de pájaros
y peces.”
“Desafío”
(Hernández.2012:36)
“Un ojo cuelga de las
ramas
se abre como un beso
desbordado
sobre la hora del socaire,
luce un collar leonado en
la garganta
donde fuego y luz titilan
toda la fuerza del
universo.
El ángelus se hace pródigo
de luz
intenta cantar latidos
inmortales
en el balcón de tus
pestañas,
ser efluvio de agua y sal
viento tibio de mar
sonando estío.
De mi puerto nombrado eres
la lindeza.
“Crepúsculo”
(Hernández.2012:45)
La deriva lectora dedicada a la escritura de estas poetas
venezolanas del período contemporáneo, es una muestra evidente de un discurso
que, aunque aún en evolución, ya atina en interesantes hallazgos formales,
temáticos y estético-literarios. También es una aproximación válida que
patentiza la validez de estudios crítico-literarios desde posturas no excluyentes,
y posibles también sin ninguna contaminación o prejuicio lector, desde nuestra
condición masculina. Es evidente, asimismo, la humanidad desbordada y asumida
en el discurso poético de estas autoras revelándonos también porciones
sensibles y profundizadoras de nuestra (sus) realidades. Muchas voces aunadas
esperan también por la revisión crítica e investigativa, que posiblemente,
enriquecerán el canon literario de nuestra época venezolana actual, tan abrupta
y plural en los discursos y retóricas. Entremos sin pudores ni sesgos a la
gruta de Dionisio, donde la interioridad femenina y abierta, nos recibe con sus
ecos y murmullos tan apetecibles como la canción amorosa de estas escritoras Al
hacerlo, estaremos iniciando un acercamiento, quizá más auténtico, a nuestras
humanas esencias, aún más necesarias en su recuperación, en un mundo
deshumanizado y frígidamente decadente como el que padecemos.
Msc.
José Gregorio Vílchez Morán
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